30 jul. 2010

XIII ... a orillas de qué.


¿Qué es preciso para dejar de hacer todo aquello que no deseo hacer? Dejar de hacerlo sería una respuesta tan sencilla ahora como complicada de ejecutar después. No puedo dejar de hacer lo que creo que debo hacer aunque no quiera. ¿Por qué? ¿Qué es lo peor que podría ocurrirme? Pues depende: por ejemplo, si no voy al trabajo me echan. ¿Y qué pasaría si me echaran? Pues que tendría que buscar otro. ¿Y por qué no lo hago? Porque tengo miedo de no encontrarlo mínimamente remunerado. ¿Y qué pasaría? No lo sé. Puede que lo encuentre o puede que no. ¿Y me quedaría mano sobre mano, o inventaría algo? Seguramente la desesperación me llevaría a inventar algo. Aunque puede que acabara en la calle pidiendo para comer. ¿En serio? Sí, siempre me he dicho que sería lo último que haría, así que el hambre bien podría ser la única que me enajenara lo bastante. ¿Tan extremo lo imagino? Pues sí. Así de grande es el miedo que dejo que me manipule.

¿Comprendo que el miedo es sólo real en mi cabeza, que es verdad que estoy inmersa en un juego de adaptación y supervivencia, pero que la mayor parte de las veces es más difícil sólo porque yo lo creo dificil? No lo vivo yo tan así. No me parece que esté sólo en mi cabeza. Creo que ahí fuera la lucha por la supervivencia sigue siendo el motor principal. Comprendo que son los miedos de todos superpuestos, imbricados y sumados sus efectos en una espiral exponencial. Por esa misma lógica, sé que con el mío contribuyo a aumentarlo. Puedo intentar disimularlo para que otros no lo noten, pero todo lo que decida emprender, desde la forma de expresión más sencilla hasta la más compleja que se me ocurra como factible, llevará su impronta. Así que lo verteré al universo de todas formas. Sé que el miedo es contagioso, y que la idea de la muerte que llevamos todos impresa en la memoria celular, contribuye a enfocar esta vida como algo tenebroso. Puede que "feliz" para muchos que practican la evasión durante un tiempo; pero de nuevo consciente cuando alguna enfermedad aparece en escena. Y sé que mientras esa sombra persista, hasta las vidas más exitosas quedarán rasgadas algún día

Claro que no ignoro que existen personas cuyo éxito, aseguran, es haber trascendido todo eso y viven en un estado de serenidad plena que es difícil que se tambalee. Pero no creo que hayan llegado a ella de verdad si no han tocado fondo alguna vez en sus vidas. Y por fondo digo no ya la situación terriblemente desesperada en la que apagar cierto botón sea la imagen intrínseca con más amargura pensada. Esa no. Esa es fruto de un cortocircuito de gran incongruencia vital por estar de espaldas a la luz, en tanto la vida se transforma sola sin necesidad de que aceleremos el proceso destruyéndola por un miedo paradójico a la transformación.

Por fondo me refiero a un lugar en el que a pesar de estar desesperados sabemos que la única salida que queda es un cambio radical, como por ejemplo, dejar un trabajo que a pesar de enseñar muchos resortes humanos, sobre todo castra los impulsos de genuina creatividad. O eso pienso cuando siento que soy capaz de ser mucho más de lo que soy si quito el miedo de la ecuación. Aunque sospecho que tal vez mi creatividad no tenga valor nada más que para mí y para los que decidan quererme...

¿Todavía no tengo la suficiente confianza en la confianza, para darme cuenta de que mi inteligencia podría obrar milagros? Obviamente no la tengo, pues creo que en el fondo estoy sola en mi empeño. Si hago sólo lo que mi corazón me dicta, estrellarme contra grandes muros será lo más probable, pues aún no he aprendido que no tengo que hacer nada más que ir tomando pequeñas decisiones según vayan poniéndose delante. Que no se trata por ahora de consumar grandes hazañas, aunque ¿quién sabe?, no sería la primera vez que escucho que de una semilla creció un árbol inmenso. Claro que de nuevo me asaltan las dudas de si lo que yo verdaderamente quiero tiene algún sentido. Aquí y ahora no me lo parece, pero quizá sea porque ese miedo me transporta al futuro y lo pinta de acidez oscura, haciendo que todo me sepa con el mismo sabor inevitable. Si me persuado de que no hay otra salida, eso es estar muerto en vida. Por ahí me convenzo de que como nada tiene sentido para mí, estoy dispuesta a hacer de mi vida una apología del miedo, del que a veces, es verdad, puedo evadirme con sonrisas inesperadas.

¿Entonces, cuál es la salida de un estado tan absurdo, tan incompatible con la esencia del existir mismo? Puede que "salida" no sea un término adecuado, salvo que se refiera a poner fin al estado disarmónico que producen las bajas vibraciones. Más que salida me parece una entrada a una dimensión de conciencia nueva que vibre más alta, que puede que ahora parezca tan absurda como lo era todo cuanto se imaginaba Julio Verne y otros tantos visionarios que a la postre tuvieron razón. Creo firmemente que para entrar hay que vibrar más alto, hay que no creerse que es real todo lo que parece serlo. En tanto que lo "percibo" es mejor no perder el contacto con ello, pero lo interesante y toda la esencia está ahí, es no quedarse anclado en la visión actual de las cosas. Impedir que la inercia me convenza de que todo ha de seguir siendo como parece y que yo no puedo contribuir ni siquiera un ápice en el cambio que espero. Al contrario, antes prefiero pasar por encima del hecho de que ese cambio necesariamente ha de empezar por mí.

¿A orillas de qué...? No lo sé cierto, pero tengo que contribuir a creer lo que sea y a crearlo contra todo viento y marea, siquiera para que cuando deje esta extraña forma de vida, la única que en verdad creo conocer ahora, al menos me quede la satisfacción de haber materializado con hechos la genuina y congruente trayectoria de mi honestidad consciente. Y para que eso suceda, al menos tengo que no tener miedo, o no tanto que me lo impida cuando yo asi lo quiero, y sé de verdad que lo quiero.

Porque... al fin y al cabo y pase lo que pase, ese día seguro llegará como llega todo en esta vida... Y en tanto eso ocurre, adelante, prefiero pensar que con los materiales de este mundo todas las opciones permanecen intactas.

1 comentario:

PazzaP dijo...

Nebroa dijo...
A orillas de un lugar donde el miedo haya sido desplazado por las ganas de experimentar. A orillas de un lugar donde todo cale mucho más adentro, donde las emociones desborden al juicio, a la duda, a la desconfianza. Un lugar donde cada día haya menos filtros, menos embudos por los que colar la realidad. A orillas del río, del cielo, de lo profundo y eterno, a orillas del ahora, de la evolución, del cambio, de la energía vital...
A orillas de la esperanza, de la confianza, de las ganas, de la motivación, en la orilla del océano desde donde nada acaba, ni se gasta...

30 de julio de 2010 19:49

Concha Barbero de Dompablo dijo...
"El que no ha sufrido no sabe nada; no conoce ni el bien ni el mal; ni conoce a los hombres ni se conoce a sí mismo".

(Fénelon).

30 de julio de 2010 23:57

PazzaP dijo...
Y sin embargo, Nebroa, por ahora hay que nadar entre dos orillas...


Cierto, Concha, pero sin olvidar que ciertas cotas de sufrimiento son optatorias.

2 de agosto de 2010 11:28