12 sept. 2010

La Libertad y el Amor (V)

Tomada de Internet



En el acto erróneo de separar hay conflicto inevitable. Por eso tenemos conflictos entre unos y otros amores, aún cuando nos movamos y actuemos siempre por amor. Hasta lo que nos parece más lejano al amor se hace por él. Hay quien mata o se suicida por amor. Y por amor hay quien arrastra a otros a acciones injustas. Cuando el amor está obstaculizado por ideas equivocadas se crean situaciones lamentables.
 
(…) Quizá no sea cierto que haya una persona mala o cruel si actúa por amor. Puede ser que la definamos así en relación con una situación fáctica. Pero las personas suelen ser víctimas de sus errores de visión y de interpretación. Y es a esas víctimas a las que consideramos crueles.


 (…) Si me dirijo a las personas como objetos de mi amor, las está creando mi mente. ¿Y cómo lo hace? Lo hace a través de mis necesidades. De lo que admiro, porque lo necesito, de lo que tengo y quiero continuar, de lo que me falta para completarme, de lo que temo y busco protección. Se trata de objetos de conquista, de poder, de consuelo, de protección, según los momentos. Siempre proyectaré el objeto que pienso que me falta.

¿He salido de mí al amar al otro? Muy poco o nada. Sin embargo vivo algo distinto cuando me enamoro. Si al enamorarme toco ese ámbito nuevo en el que el amor nos envuelve, ese estado tan positivo que nos arranca de nuestra rutina diaria, que nos levanta donde podemos respirar otro aire, es en sí magnífico. Pero no está exento de los matices que traza el esquema pensado a través del que vivimos. Y como este estado maravilloso está plagado de errores, como no ha sido iluminado y se ha limitado a un estallido del sentimiento, viene acompañado del miedo a perder el objeto que me lo produce. Al no haber comprendido que el amor no tiene objeto, ese ente inventado adquiere gran importancia porque es el imaginado productor de amor. No hay tal, y siempre que me confunda así sufriré las consecuencias. Aquel objeto es tan importante para mí que tengo que cuidar de no perderlo, tengo que apropiármelo y adaptarlo a mi vida, hacerlo mío. Y de esa manera provoco, como es natural, toda una serie de reacciones y conflictos que acaban con el enamoramiento.

Termina así la libertad del ser humano, más importante para él que respirar. El respirar es básico mientras tenga un cuerpo. La libertad es esencial siempre. Si por error en el amor, atentamos contra la libertad del otro y la nuestra, terminamos en el desamor. Cuando coarto la libertad del otro impido también la propia. Si no dejo que otro sea libre, yo mismo no lo soy, porque he de estar pendiente de qué hace, qué piensa, dónde mira, quién le puede separar de mí. Por este motivo la libertad del que ama y la del objeto amado se pierden a la vez. Y si los dos, como suele suceder, están en el mismo caso, mutuamente deterioran su libertad.

No nos debe extrañar que se oigan tantas quejas de que el amor es breve y termina antes de lo que imaginábamos, ideas que parecen contradecir aquello que han dicho los sabios sobre el amor eterno.

Pero en realidad no existe contradicción. Porque el amor, en efecto, está más allá del tiempo. Aunque la manera en que lo vivamos a través de nuestros errores sea cambiante, pues camina en la temporalidad. Es nuestra manera de ver las cosas lo que acaba con aquel sentimiento de unidad, lo único real.

 En un enamoramiento hemos de ver la belleza extraordinaria de la atracción a la unidad y la ruptura de los límites. Pero si es oscuro ese amor, si es un sentimiento no iluminado, si coexistiera en él los errores de separación, aquello tiene que acabar mal. Y si no acaba así tanto peor, porque entonces se estará tratando de mantener lo que no es, fingiendo, disimulando o intentando lo imposible. Un esfuerzo así, en el que se consume tanta energía, crea conflicto y todo ese malestar encubierto agota las fuerzas disponibles para vivir en plenitud.

Sabemos que la energía no nos la da la vida para dilapidarla en el conflicto de las contradicciones que el error crea. La energía se nos da para ser lo que somos, para descubrir la verdad y vivirla. Hemos de acabar con esos obstáculos de una vez. Cuando una persona sienta que no puede más con la lucha solapada tomará decisiones externas y romperá la relación. Pero inmediatamente, por sus carencias, volverá a encontrar otra pareja con distintas características y vivirá otra situación diferente, pero no menos conflictiva que la anterior. Porque mientras haya ilusión de separación, mientras la verdad no se exprese, no puede brillar el amor en libertad.

Acabar con el conflicto requiere descubrir la verdad. Se dice que las diferentes experiencias son un aprendizaje del amor. Pero nada más se da el aprender en el despertar. Y por ello, sólo aprendemos en la medida en que vivimos despiertos. Cuanto más dormidos vivamos las experiencias menos descubrimiento habrá. Porque en el sueño se aprende poco. Al vivir despiertos los retos que la vida nos presenta, el aprender puede ser cada vez más intenso.

(…) Al profundizar en lo que el amor es, encontramos un estado absolutamente nuevo, que no tiene nada que ver con el condicionamiento anterior. Por eso, desde el estado de desamor, de aislamiento, de incomprensión, de rencor, no se puede ir hacia un estado de amor, por ningún camino, método o sistema. Del desamor no se va al amor jamás. Nunca se ha llegado y nunca se podrá llegar.

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