26 oct. 2010

XIX. Me dice un amigo...

... que por qué no escribo más, que le entraña mi ausencia de cuatro días...

Se ve que aún no sabe de mi poliédrica actividad mental...

Al principio, prefería no leerme por aquí a pesar de haberme pedido la dirección, porque, argüía, lo que se iba a encontrar era una especie de subpersonalidad, un ente pseudoficticio, y que prefería conocerme en otros espacios más "reales".

La verdad es que aún no sé si él ya sabe, que por aquí me manifiesto con el mismo rango de autenticidad que ahí fuera. Aunque yo diría que más... La única diferencia es que al no ser condición indispensable agradar al que curiosea mis rincones, me pronuncio como si este lugar en bloque fuera el único amigo real que tengo en el mundo en mis circunstancias actuales; al que puedo hablarle con la misma confianza con la que me hablo a mí misma, dado que no tengo miedo de absolutamente nada de lo que pueda decirme desde la más honesta de las claridades.

Sí, confieso que yo no temo nada de lo que pueda hallar en la zona abisal de mi ser, con independencia del dolor que pueda sentir al sumergirme en mis emociones; porque, ya me consta, mirar con crudeza las cosas que me pasan convierte en humo la mayor parte del recelo que albergara a priori.

Y claro que no digo todo lo que quiero, pero eso es porque de tanto como diría, no me resulta nada facil plasmarlo en palabras. Sin embargo, es por completo cierto que lo que digo es profundamente mío. Tan profundo que por eso no puedo contarlo alegremente ahí fuera, con la misma facilidad con la que se habla de lo cotidiano.

Paso mis días tratando de estar en la perspectiva más amplia y consciente de que soy capaz en cada momento. Cuando, emboscados, el pasado o el futuro me bloquean la marcha con sus largas filas de pensamientos reiterativos, me arrastro al presente con diligencia y, respirando hondo, me obligo a estar en él observando, atenta, sin juzgarme... Perdonando hasta el hecho de que lo siga haciendo bajo el influjo de un chop chop latente, no del todo consciente, pero con seguridad implicado en el malestar sordo en el que chapotean a veces mis ratos.

La cuestión no es que en ocasiones me ponga trascendente...; muchas en realidad, porque me encanta. No es que pretenda recrear ese estado en mi lóbulo racional y lógico, no; lo que trato es de sentirme como si ya viviera instalada en ese plano espiritual y desde ahí experimentar profundamente todo lo que hay en derredor. En ocasiones, poniéndole palabras a las emociones cuando lo considero necesario; otras, desmontando en el hacer mismo, patrones de actitudes con las que ya no me identifico.

Y entre col y col, una lechuga: la de tomar una buena bocanada de aire cada vez que se me olvida respirar la vida, con la que recargar mis energías para seguir en la brecha. Brecha que, en mi caso, es sustanciosamente más pequeñita que la de otros seres que pueblan este planeta.

Tambien procuro no olvidarme de agradecer al universo todos los privilegios que me regala día a día; porque, aunque no tenga todo lo que quiero, todo lo que tengo, lo quiero, y mientras me tenga a mí, todo eso siempre será un milagro.




Imagen de San Internet (que guardé hace tiempo, cuando ni siquiera sospechaba que citar la fuente sería lo más cortés en este medio. Me perdonen los autores que, si es su voluntad,  no vacilaré en quitarla.)
  


5 comentarios:

Nebroa dijo...

Me encanta... aunque eso ya lo sabes...

PazzaP dijo...

Lo sé cuando me lo dices, en tanto prefiero no ser presa fácil de la presunción.

Y me gustaría mucho conocer dónde se cifra la concreción de tu encantamiento.

Gaearon dijo...

¿Puedo copiar y pegar en mi blog?
Es coña. Soy un firme detractor de los plagios de cualquier especie.
Pero, aparte de que me haya encantado, según iba leyendo me daba la impresión de que lo hubiera escrito yo mismo.

Algún día debería tener el valor de contar TODO lo que se me pasa por la cabeza.
Algún día...

Besos

Nebroa dijo...

Será eso que dice Gae, precisamente eso. El encantamiento proviene del milagro de leer palabras ajenas e interpretarlas como propias.

PazzaP dijo...

Acaso porque, en esencia, todos seamos un Uno manifestándose en el universo de infinitas posibilidades; si bien acotado en esta dimensión del espacio-tiempo.