9 nov. 2010

XX. Mi cuerpo y yo.

A menudo he pensado que del mismo modo que no soy del todo ajena al funcionamiento de los procesos corporales, aunque tenga de ellos un conocimiento muy impreciso en tanto me sienta físicamente "bien", y algo más definido cuando algo me duele, si bien sólo atiendo al hecho doloroso en sí, pero no a lo que lo causa; del mismo modo, decía, las células de mi cuerpo no pueden ser ajenas al efecto de mis procesos mentales. Si siento ira o ansiedad, segrego más ácido clorhídrico o más adrenalina de lo normal, y al notarlo en mi estómago y en mi sistema circulatorio, refuerzo esa ira y esa ansiedad, produciendo más ácido y más adrenalina; hasta que decido tranquilizarme o me tomo una pastilla que hará el trabajo sucio por mí. Yo sólo quiero que todo pare, pero no me doy cuenta, o no quiero dármela, de que la única que puede pararlo soy yo. Si bien llegado el tiempo en que la lesión crónica se ha instalado, el reajuste que mi voluntad podría representar se hace cada vez más ineficaz y termino necesitando el clásico tratamiento farmacológico de por vida.

La fisiología me enseña lo bien diseñados que estamos, la forma tan excelente en que todo se autorregula, se compensa y se regenera mediante lo que se conoce con el nombre de homeostasis. Cierto es que casi todos son procesos automáticos a cargo de mi sistema neurovegetativo, pero de ahí a negar que hay una forma de consciencia en todo ello, otra forma de consciencia que funciona al margen de la mía, va un gran trecho que por descuidado siempre acarrea consecuencias cuyos efectos sin duda se van sumando.

Por citar otro ejemplo: yo puedo fumar porque me gusta, porque me da la gana, porque creo que compensa mi ansiedad, porque me distrae, porque me facilita las relaciones... da igual la motivación que me impulse a hacerlo, pero eso no significa que entre las células pulmonares no se produzca, por así decir, una especie de malestar de clase. Tal vez se pregunten de alguna forma qué son todas esas sustancias que entran en su hábitat de repente a través del humo inhalado y que interfieren de forma agresiva su denodado e incondicional trabajo de oxigenarnos. Claro es que hacen lo que pueden para compensar con cada bocanada tamaña intromisión de su noble quehacer; hasta que se les agotan los recursos y claudican. Yo, mientras tanto, suelo decirme algo así como "qué rollo de tos tengo, que ahogo siento cuando subo un par de pisos, que catarro más pertinaz... Puede que hasta me enfade con mis pulmones por parecerme unos ingratos. Si yo necesito fumar, ¿por qué ellos me lo quieren impedir con su reactividad bronquial?

Es decir, que yo sí me puedo permitir pensar, sentir y actuar en automático la mayor parte del tiempo, o a veces no tanto; pero si de alguna manera el cuerpo se defiende, entonces es un incordio para lo que quiero pensar, sentir o hacer. No importa. Luego me digo que no entiendo nada y que soy una víctima de mi fisiología...

Mencioné el fumar, como podría haberme referido al comer, o al hecho de ejercitar mis músculos y articulaciones. Parece que me da igual lo que como, o si no como, o si me atiborro de bombones aunque eso trastoque mi metabolismo hasta fabricarme unos buenos depósitos de grasa. ¿Que es en la cintura? Me pongo ropa ancha. ¿Que es en las arterias? Total, no me entero hasta que unos análisis lo cantan o con los años me da un jamacuco cerebral, pulmonar o hepático... Da igual si me siento en el sofá horas y días arqueando la columna lumbar en al aire después de currar de pie durante horas. ¡Vaya, por Dios, ¿pues no me ha salido una hernia discal? ¿Cómo se atreve? Da lo mismo si juego al padel a lo bestia cuando ni siquiera estoy entrenada, porque necesito canalizar mi rabia por las mil horas que trabajo a la semana; si a mí me divierte, los tendones de mi brazo no tienen derecho a inflamarse por el sobreuso. Yo sólo sé que me duele, y el brazo es un jodido aguafiestas. Da igual si camino con unos taconazos todos los días porque me hacen sentir atractiva, porque por supuesto no me voy a poner unas antiestéticas deportivas. Si con los años me salen juanetes o callos, mierda de pies que me duelen y encima me impiden seguir presumiendo...

Podría seguir hasta aburrir, y no es mi pretensión. Tampoco lo es sembrar el agobio por tanto maltrato como le doy a ese cuerpo serrano. La cuestión es saber que lo que me pasa físicamente no es gratuito, no viene caído del cielo, por mucho que no lo entienda porque no soy profesional de la salud, y a veces aunque lo sea. El fondo de todo esto es que suelo pensar que mi cuerpo está a mi servicio y que tiene que estarlo siempre a pesar del maltrato. Prefiero decirme cosas como que los años no pasan en valde; o que me hago vieja y, claro, es lo normal; o que esta mierda de cuerpo me funciona de pena...

Me gustaría firmar la paz con mi cuerpo y aprender a escucharlo y respetarlo en la medida que pueda. No maldecirlo cuando me falla, sino dedicarle un tiempo a la responsabilidad que yo tengo en el fallo que me he producido a mí misma. Me gustaría no seguir creyendo que lo que pienso no tienen ningún efecto en lo que siento; viceversa, que lo que siento no tiene ningún efecto en lo que pienso. Y, por supuesto, me gustaría no pasar de largo ante el hecho crucial de que lo que hago, depende absolutamente de todo ese manejo.

Me gustaría darme cuenta de que mi actitud, infinitas veces conectada en automático, atiende netamente a lo que pienso, lo que quiero, lo que necesito y lo que siento. Por eso me gustaría ser capaz de tener en cuenta al vehículo por excelencia que me lo permite, así como llegar a respetarlo como el colega-cómplice de este equipo que ambos formamos en el ámbio experiencial. Porque se lo merece, cuando menos, tanto como yo. Porque sin él, todo este rollo de vivir no sería en absoluto posible.


De San Internet
 Por eso y no por otra cosa le pongo voz al mundo diminuto ilustrando creativamente sus conversaciones. Es seguro que sus integrantes entienden las cosas de otra manera, pero si no es contando sus vicisitudes con ejemplos que puedan equipararse a la vida que llamamos real, no creo que empecemos a darnos cuenta de un modo cabal de la responsablidad personal que cada cual tiene en el asunto ese de su bienestar.

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9/11/10

Relativizando que es gerundio: me gustaría aclarar que no estoy ni a favor ni en contra del tabaco. Cada cual es muy libre de hacer de su capa un sayo. O no. Lo mencioné como ejemplo de mi argumentación, pero en realidad da lo mismo que sea tabaco, comida o cualquier otro objeto/sujeto, material/inmaterial, que nos mueva y despierte tanto nuestra filias como nuestras fobias.


El quid de la cuestión, el núcleo, el centro, el meollo es por y para qué hacemos lo que hacemos y en qué medida le afecta a una parte que es muy nuestra; tan nuestra que sin ella no habría, que sepamos, nada que hacer aquí. Una parte que nos permite, como ya dije, vivir las experiencias, sean en el plano físico y/o mental; incluyendo en este último, las emociones, los deseos y las necesidades, y por supuesto también la voluntad que gestiona todo eso.

8 comentarios:

mensajes claro gratis dijo...
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La reina de la miel dijo...

En este año, por diversas circunstancias que no vienen al caso, tomé la determinación de alejarme de cosas, personas o situaciones que me hicieran daño. Decidí protegerme, en definitiva. Pues bien, de manera espontánea, repentina y en absoluto traumática, un día de mayo dejé de fumar. Llevaba fumando 23 años. Mi cuerpo y mi mente formaron un equipo magnífico simultáneamente: yo no sentí ira ni ansiedad, mi cuerpo no notó síndrome de abstinencia. A día de hoy sigo sin fumar y no puedo estar más contenta. No sé si te parece aplicable la anécdota :-)

PazzaP dijo...

mensajes claro gratis dijo...
Fumar no es bueno , Pero si quita la ansiedad en momentos extraños.

9/11/10 02:06

Puesí. :)

PazzaP dijo...

Eslo, Reina meliflua ;). Y además todo un milagro de compenetración y consciencia mente-cuerpo.

Y no sabes cuánto me alegra tu contentez y que la cuentes.

Gaearon dijo...

Hace tiempo que tengo claro que lo de fumar es más una cuestión de psique que física. Estuve sin fumar 3 años y volví a caer. Y 9 meses y volví a caer. Y de repente un día me levanto y digo que no, y ya no fumo. Y pasan dos semanas y me salta el fusible.
Lo simpático es que, siendo como soy una persona que procura cuidarse en general (así ando de tipito fino, como suelo decir), lo del tabaco siga ahí tocando los asjhfasjkdlhfjaskdlf.
Mira que estamos equivocados los humanos...

Besos

PazzaP dijo...

Equivocados y acertados, según los días, las horas, los momentos, las situaciones...

Sigo erre que erre cifrando las causas y los efectos de todo en la dualidad humana; inexorable y admirable a un tiempo. En el ínterin, mejor no juzgar para no radicalizarnos en el polo que defendamos. De hacerlo, puede que nos perdamos lo interesante de la perspectiva opuesta.

Bicos.

Gaearon dijo...

"Todos cometemos el error de juzgar sin saber. Y todos cometemos el error de no saber que no se debe juzgar."
(Gaearon, a cierta persona que se decía amiga, hace unos 3 años).

Me lo sigo diciendo. Afortunadamente, no a diario.

Bicos mil!!

La reina de la miel dijo...

Viendo tu addenda, añado que efectivamente yo paso mucho de arengar contra el tabaco ahora que lo he dejado. Simplemente quise compartir mi experiencia porque se me reveló clarísima la equivalencia "deja de machacarte psicológicamente // deja de meterte mierda en el cuerpo". Fue un pequeño prodigio de sincronía y todavía me maravillo.