13 dic. 2010

XXIII. Esto...


Quino






Llamé al cielo,
y no me oyó,
y pues sus puertas me cierra
de mis pasos en la tierra,
responda el cielo, no yo.

















¡Mentira! ;)

Suponiendo que hubiera llamado; suponiendo que de haberlo hecho mi lenguaje hubiera sido inteligible, inteligente y lúcido, las puertas me las cierro yo en tanto adopte ufana la pose de espera. Tengo que seguir intentando la comunicación, como las naves interespaciales en las películas. Quiero seguir haciéndolo sin cejar en el empeño. A menos… a menos que no quiera. Y entonces, allá yo…

En el ínterin debo ir preparándome para el contacto. No sé si lo habrá, pero por si acaso, no puedo tener mi casa hecha un establo. Da igual que sea la exterior o la interior. Para mí es lo mismo: un vivo reflejo la una de la otra. Incluso yo disfruto de mis propias comodidades. No tiene sentido no hacerlo esperando a compartirlo, porque en el hacerlo mismo hallo un regocijo que no pasa desapercibido. En tanto me muestro ya tal y como soy, no espero que otro me mire, me inspire y me estimule a ello.

Y así, una vez preparado el nido, puedo invitar a cualquiera que aparezca a que se acomode, agradeciendo el regalo de su sola presencia. Y lo haré sin expectativas, que luego ya sé que pueden quedarse cortas; sobre todo si hay empeño en el que el otro me dé lo que no tiene o no halla motivos para darme.

Tengo que ensayar conmigo dándome yo lo mismo que espero que el otro me dé, por si no lo hace, no me quede cortada por la mitad, gatillando en el aire; puesto que la mitad que me he puesto yo misma, sigue haciendo sus funciones compensatorias. De lo contrario, sería como empeñarme en volar con un ala rota. Y si eso no es posible, no lo es más creer que el amor que recibo de un necesitado, bastará para compensar mi propia necesidad de amor tal y como yo la concibo. Además, si mi espíritu buscador así me lo inspira, nada representa mejor la libertad que el placer de volar sin miedo. Entonces, no tiene sentido aspirar a que dos hermosas aves vuelen si están con una de sus patas atada a la otra.

No nos engañemos: se puede estar satisfecho corporalmente, sexualmente, intelectualmente o espiritualmente, pero si no se está emocionalmente igual, todo lo demás cojea. Por ejemplo, alguien que se considere a sí mismo muy exitoso en los primeros terrenos, si no sintiera lo mismo en el último, será como una pequeña mancha de tinta en un esplendoroso vestido de novia.

Será raro de todos modos, que alguien que se crea exitoso en todos esos aspectos, no sienta que emocionalmente también lo es. Pero cosas más raras he visto yo. Y eso es, barrunto, porque en el fondo todavía le queda suelto algún cabo afectivo, contraído y doloroso. Viceversa: si alguien está satisfecho emocionalmente, sin dudarlo un instante, quizá le importe menos no destacar en los demás relieves de su alma. Es más, comprenderá que la ambición desmedida colisiona a menudo con la satisfacción emocional, como si fueran alérgicas entre sí, y quizá decida dar rienda suelta a su motor arrollando en su empeño lo menos posible. Salvo que no le importe sacrificar su satisfacción emocional en pos de otros trofeos que considere mejores.

Si alguien no se siente plenamente satisfecho con lo que es, sin fisuras, con la certeza de que esto es así, es porque casca en alguna de esas parcelas con las que ha de remar en su vida. Remar, arar, qué más da. Trazar algún camino, dejar alguna huella. Si no, no está vivo. Está literalmente enterrado. Si alguien no se siente satisfecho, decía, que levante la mano quien no halle en su haber alguna cuenta emocional pendiente. Tengo curiosidad porque alguien la levante y reconozca honestamente que no hay un pero que valga.

Si alguien se ufana de tenerlo todo arreglado y bien sujeto a su marcha, que venga a hablar conmigo cuando enferme o sufra alguna pérdida. Que venga y me cuente si no es en lo emocional donde más le duele; no tanto por la pequeña muerte que anuncia la enfermedad o la pérdida, no tanto por eso. Pues más duele todo aquello que aún sabiendo que queríamos, nunca nos dispusimos a enfrentarlo por miedo a no hallar el eco esperado.

¿Hay alguien emocionalmente satisfecho en la sala?

Si lo está, que venga y me lo cuente. Me interesa sobremanera.

Y si no lo está, también me interesa.




5 comentarios:

Malena dijo...

La satisfacción es cíclica: la emocional, la sexual, la económica. Siempre es así. Es parte de la naturaleza humana desear siempre más. Cuando logramos lo que queremos, pensamos que todo está perfecto ... hasta que empezamos a desear otra cosa y ahi viene la insatisfacción.
Y ese es el motor de la vida.



PD: Genial el maestro Quino.

PazzaP dijo...

Hónrasme, que dirían por aquí, con tu visita, Malena. :)

"La satisfacción es cíclica. (...) Y ese es el motor de la vida."

Así lo creo yo también. Es literalmente así. O eso ha creído la humanidad globalmente durante siglos en tanto se descubría a sí misma.

Las posibilidades de "presenciar" la mente sin juzgarla, como mero testigo silencioso es un hecho.

En mi propia investigación me he dado cuenta de que si bien no se puede prescindir de ese "motorín", que dirían aquí,;), -en tanto viene de serie y está diseñado para mover este estilo de existencia-, no es menos cierto que su manejo es diverso.

Sea cual sea el modo que se elija parece deseable que con él, la ola de la experiencia que deviene en emociones pueda ser surfeada; en lugar de ser arrastrado a su remolino y triturado en diversa medida. También es posible meterse debajo cuando la ola es demasiado grande... O no.

Convengamos que es uno mismo quien a la postre decide cuánta responsabilidad acepta como suya en todo aquello que le es inevitable. Lo sea de hecho, o sólo se lo parezca al que interpreta lo que le pasa; a cuya izquierda suele estar sentada la figura psicológica del juez.

Esa figura está llamada a reconvertirse en mero testigo mudo; de lo contrario no alcanzamos a ver más allá de nuestro ombligo, tapándonos como estamos nuestras vergüenzas.

Gaearon dijo...

El comentario de Malena me ha traído a la memoria un concepto económico que me explicaron en primero de carrera, y que se llama el axioma de no saturación. Viene a ser algo así como que el consumo (en general) se explica a partir del hecho de que el ser humano siempre quiere más. Leído del revés, que nunca está satisfecho.
Lo veo como muy extrapolable a cualquier faceta de la vida, llámese sentirse querido, llámese sexo, llámese como se llame a lo que se llame a lo que nos satisfaga, material o inmaterial.

No estoy seguro de que las satisfacciones sean cíclicas (en tal caso cabría pensar que en cierto modo se repiten). Creo más bien que deben ser constantemente renovadas o sustituídas por otras del mismo o de otro tipo, pero "más satisfactorias" que las anteriores. No saturación, en definitiva.

Besosssss

PD: genial entrada :)

PazzaP dijo...

Si las satisfacciones no son cíclicas, las energías que nos mueven sí que lo son. Claro que cada vez son más heterogénas y profundas a tenor de las experiencias que se tengan y, sobre todo, de lo conscientemente que se vivan.

Bicos.

P.D. ¿Acorde con la salida? :p

Malena dijo...

Sostengo que son cíclicas.
¿Acaso no promulga la mayor parte de la humanidad con la idea "todo tiempo pasado fue mejor"?
Renovamos el objeto del deseo, pero también creemos que la satisfacción estaba en aquello que perdimos (probablemente mientras buscabamos satisfacernos por otro lado).