12 feb. 2011

XXVIII. Amanece, que no es poco.

Tomada de aquí.
 
 
Que la vida iba en serio
uno lo empieza a comprender más tarde
-como todos los jóvenes, yo vine
a llevarme la vida por delante.

Dejar huella quería
y marcharme entre aplausos
-envejecer, morir eran tan sólo
las dimensiones del teatro.

Pero ha pasado el tiempo
y la verdad desagradable asoma:
-envejecer, morir,
es el único argumento de la obra.

(1968, Jaime Gil de Biedma)





¿Qué magia tiene la noche que nos desata por dentro?
¿Es porque está hecha de silencio, de un silencio consensuado para el descanso de la mayoría que, curioso, en notable proporción pincha muchas veces anegado por preocupaciones que rumian entre las sombras? ¿Tendrá la misma influencia el silencio que la oscuridad?


Silencio y oscuridad son hermanas de un estar metamórfico.
Hay quienes se saltan el pacto y se transmutan con etílica vehemencia.
Hay quienes se lo saltan para respirar la plenitud de su consciencia, tanto en lo "bueno", como en lo "malo".
Hay quienes padecen con agudeza la ignorancia del vivir y del vivirse en el entretanto.
Los hay que se reconcilian con el devenir, cuando entienden que no queda otra que aceptar en paz lo que hay, que es mucho y más bueno de lo que a primera vista parece; aunque verlo requiera dejarse atrapar por la nocturnidad inexorable.


Entre trasnochar y madrugar yo no sé con qué quedarme...
Preferiría no tener que elegir. El talante es diferente por mucho que el escenario sea el mismo. El descanso condiciona el ánima, como también lo hace que lo oscuro se haga denso, o que la claridad comience a rasgar las sombras.


Pero por guapa que se vea la gente de día, de noche se ve incluso más hermosa. Y no. No es porque la oscuridad difumine ciertas cosas, no. Es porque el corazón se hace más osado cuando nadie parece mirarnos, mientras late fuerte el anhelo de que alguien lo hiciera en silencio.


Silencio de palabras, mas no de otros lenguajes sinceros e intensos y para la vida tan necesarios.


Tomada de aquí.

 Amanece, que no es poco, mientras el abrazo nocturno nos deja los más variados y bellos aromas. Que plazcan o que duelan, sólo es un es cuestión de perspectiva, de soledad y de sombra.

Buenos días a los que respiran.
Y a los que se ahogan que sepan que todavía queda oxígeno para todos.



**
Poema tomado de aquí.

8 comentarios:

Bolboreteira dijo...

Yo soy más de trasnochar que de madrugar, pero cuando no hay obligaciones disfrutar de una mañana entera para hacer lo que una desea me encanta.
Es cierto que las cosas se ven de otra manera por la noche.
Besos!

CUIDADO con los HUEVOS dijo...

Hola, acabo de descubrir tu blog, ¡una maravilla!

Saludos y enhorabuena

PazzaP dijo...

¿Tú crees?
Pues gracias.
Ya he visto que en el tuyo la chacota está asegurada. :)

PazzaP dijo...

Mariposeira, a mí me da igual que me da lo mismo. Todo depende de si madrugar no es obligado, y para mí no lo es. Ventajas del turno de tarde y ahora que las he descubierto, me quedo con todo.

Julio-jagdo dijo...

De noche todos los gatos son negros.

PazzaP dijo...

Pero no por mucho madrugar amanece más temprano, señor JJagdo.

Con qué ojos los mira usted, a ver dígame. :)

Malena dijo...

La noche exacerba los sentidos. La oscuridad invita al misterio y el misterio despierta la imaginación. El silencio nocturno ayuda para que nada interfiera entre lo que vemos y lo que queremos ver entre sombras.
Por la noche la pasión renace escondida entre las sábanas. Y también, por la noche, la soledad desespera.



Silencio en la noche.
Ya todo está en calma.
El músculo duerme.
La ambición descansa.
(Lo dijo Le Pera, lo cantó Gardel)

PazzaP dijo...

Preciso, Malena, como todo lo que escribes y compartes.