30 ene. 2011

Meditación dinámica.

Muévete.
Ahora mismo.
Como quieras.
Te invito.

Pincha el enlace, deja que se descargue entero y luego óyelo de un tirón.
Sube el volumen. Si es necesario para empezar cierra los ojos y... deja que tu cuerpo se entregue sin resistencia hacia el ritmo que le arrastra y que se exprese como le dé la gana.

Permite que todas tus articulaciones vayan entrando al trapo, que se desperecen, que se engrasen con sinovia.

Siente cómo tu corazón se acelera, cómo tus músculos saborean el placer de la sangre corriendo a borbotones por entre sus intersticios. ¡Ah, qué gusto...! La fuerza se despierta...

No pienses en nada concreto pero permite todo a la vez.
Sobre todo no se te olvide sentir al máximo. A tope. Como si te desataras, pero no te quedes demasiado tiempo con ninguna emoción en concreto. Mira el aroma que es común a todas ellas y por un rato considera que no es tuyo, que sólo lo atestiguas.

 Da igual que te salgan risas o lágrimas. Tú déjalo estar y no pares de moverte. Si acaso con más energía. La que te dé la gana. Respeta tus dolores. Baila con ellos, pero no te pases.

En el ínterin, respira hondo, con el diafragma, usa el abdomen como globo. Cómete el aire, pero tampoco te atragantes.

Si te parece, pon el repet hasta que tus jadeos te obliguen a sentarte porque ya te cansa el meneíto. Todo depende de lo que dures con el manejo de lo aeróbico. Tu corazón manda, por mucho que tus músculos lo fustiguen.

Acabas de tener una experiencia corporal que cuando menos te hará bien. Aunque no lo entiendas. Aunque no tengas ganas. Hazlo. La bioquímica corporal te lo agradece. Y la mental, ni te cuento...




http://taringamp3.com/karunesh-call-of-the-tribes-remix/

22 ene. 2011

Una buena noticia.

¡Revolución!
En la superficie del mundo, en este momento
hay guerra y violencia y todo se ve oscuro.
Pero calma y silenciosamente, a un mismo tiempo
algo más está ocurriendo en forma subterránea.
Una revolución interior está sucediendo
y ciertos individuos están siendo llamados hacia una luz más alta.
Es una revolución silenciosa.
Desde adentro. Desde abajo.
Esta es una operación global.
Una conspiración espiritual.
Hay células dormidas en cada nación del planeta.
No puedes vernos en T.V.
no leerás acerca de nosotros en los diarios
ni nos escucharás en la radio.
No buscamos ninguna gloria.
No usamos ningún uniforme.
Somos de todas formas y tamaños, colores y estilos.
La mayoría de nosotros trabaja en forma anónima.
Trabajamos silenciosamente detrás de la escena
en cada país y cultura del mundo,
en ciudades pequeñas y grandes, montañas y valles
en granjas y villas, en tribus e islas remotas
puedes cruzarte con nosotros en la calle
y no darte cuenta.
No nos preocupa quedarnos con el crédito final
sino simplemente que el trabajo sea hecho.
Ocasionalmente nos vemos unos a otros en la calle
nos saludamos con un imperceptible guiño
y continuamos nuestro camino.
Durante el día, muchos de nosotros fingimos tener trabajos normales
pero detrás de la falsa fachada, durante la noche
es donde el trabajo real tiene lugar.
Algunas personas nos llaman la “Armada Consciente”.
Nosotros estamos creando un nuevo mundo, lentamente
con el poder de nuestras mentes y corazones.
Seguimos con pasión, amor y gozo,
las órdenes que provienen de la Central de Inteligencia Espiritual.
Colocamos secretas bombas de amor, cuando nadie nos mira.
Bombas de poesía, abrazos, música, fotografías, películas, palabras amables,
sonrisas, oración, meditación, danza, activismo social, websites, blogs,
actos de belleza…
Cada uno de nosotros se expresa a su propia, única manera,
con nuestros dones y talentos únicos.
“Conviértete en el cambio que deseas ver en el mundo”.
Ese es el lema que llena nuestros corazones.
Sabemos que es el único camino para producir una real transformación.
Sabemos que silenciosa y humildemente
tenemos el poder de todos los océanos.
Nuestro trabajo es lento y meticuloso
como la formación de las montañas
y no es visible a simple vista,
pero mueve placas tectónicas enteras.
Como se moverán en los siglos que vendrán.
El Amor es la nueva religión del Siglo XXI.
No necesitas ser una persona exquisitamente educada
ni tener ningún conocimiento excepcional para entenderlo.
Proviene de la inteligencia del corazón
imbuido del pulso evolucionario sin tiempo de todos los seres.
“Conviértete en el cambio que deseas ver en el mundo”.
Nadie más puede hacerlo por ti.
Ahora estamos reclutando.
Quizás te unas a nosotros.
Todos son bienvenidos.
La puerta está abierta…



ANÓNIMO

21 ene. 2011

Orateando.

Hoy me ha llegado un power point intitulado "instantes de serenidad". Aunque los mensajes no difieren en esencia de lo que yo misma sostengo cuando me conecto el bypass espiritual, no sé por qué hoy me ha parecido que formaban parte de una gran mentira en la que todos vivimos inmersos. La humanidad: el pedo más inspirado del universo.


Eso es cierto. En ese sentido yo soy aún analfabeta.





Esto me suena en interés del poderoso. Tiene su punto de sentido, porque de aquí no se escapa vivo ni dios y hay que procurar no ser idiota del todo, pero mucho hay que imaginar a veces para meterse en esa piel. Y qué sudores cuesta...




Muy cierto. Y tan hondo y tan profundo como te dé la gana a ti.




Esto es de lo mejorcito del archivo. Tan cierto como que tú me estás leyendo ahora. Aunque puede ser mentira, me percato... Cuando estemos en la caja, a ver si me ligo a algún rey.





Depende de con quién me compares. Pero sí, una vez en la oscuridad de la caja, el tamaño es lo de menos.





Bueeeno... no tengo ganas de entrar en polémica, pero esa frase se la fuma en pipa... Ya, también tiene un punto de sentido, pero eso de que no se equivoca nunca... habría que ver bajo qué premisas se articula el error.





Puesí. Mientras tengamos cuerpo, bailemos, que es bueno para prevenir la artrosis y bastante divertido si te sueltas la melena.


**
Gracias a los que me contestaron en la entrada anterior. En una cosa tenéis razón: en el fondo no hay quien se entere de lo que pasa en la cabeza de otro. Por muchas neuronas espejo que tengamos, la empatía tiene la guerra perdida contra la entropía.


19 ene. 2011

Hola lectores.

Nunca me había dirigido a vosotros directamente. Siempre ha habido un cierto grado implícito de querer hacerlo, pero sobre todo pensaba que mis entradas serían por sí mismas motivo suficiente para  invitaros al diálogo. En ese sentido, he cambiado la frase de mi perfil cuando abrí este blog "Un lugar para la reflexión", añadiendo "y el diálogo", porque por un momento he pensado que podía haber sido ese olvido, el motivo por el que nadie comparte sus reflexiones. Nunca se sabe.

Hace días que me pregunto qué grado de misantropía mecha mi pensamiento, dando por hecho que alguna hay. Desde mi punto de vista existencial, un cierto desafecto hacia la raza humana no deja de ser un reflejo directo del propio desafecto que me profeso. Luego no pretendo decir que sus integrantes sean responsables de mi malestar hacia ellos, sino más bien un testigo del que yo misma siento, por mí, por mi vida, por la pereza que me da  muchos días  levantarme para cubrir  los objetivos del día. Que no me gustan, pero que no me queda otra que acatar en tanto yo misma les he otorgado entrada. Y eso, por mucho que a veces me parezca que se me han echado encima ellos. Vale, no me di cuenta de las consecuencias de ciertas decisiones importantes y ahora están aquí reclamando mi atención. Puedo quitarme de enmedio o quedarme. Dando por hecho que decido quedarme, puedo vivir con el foco de mi conciencia puesto en los nubarrones que se ciernen sobre mi cabeza, o puedo ir tomando pequeñas decisiones que corrijan en parte el gris de mis proyecciones. Con ese talante, será imposible que no me dé cuenta  de los días de sol que me acontezcan para poder tomar decisiones más radicales que corrijan aún más ese gris, hasta el punto de apreciar todos los tonos del arco iris.

Me hace mucha falta el color, a pesar de que el blanco y negro me hayan dado no pocas satisfacciones tanto en las alegrías como en las penas. Ya lo creo que me hace falta. Porque intelectualmente ya lo he entendido, pero mi corazón aún tiene profundas raíces en un inconsciente profusamente atrapado en una programación de dolor. Y eso me tiene dividida mentalmente. Y eso es lo que trato de resolver siguiéndole el rastro a mis incongruencias entre lo que pienso y lo que siento; y en cómo lo que hago, o no hago, no hace sino reforzar el proceso, confirmándolo una y otra vez como una "realidad" de la que no sé salir. O si sé, no me motiva ponerme en disposición con genuino ímpetu.

Bien. Pues sabido todo esto, imagino que gran parte de mi amor por la soledad no sólo se debe a lo bien que me voy encontrando en ella, sino a lo regular que me siento en mis encuentros con "el otro". Incluyendo en ese "otro" a cualquier ser humano que se me cruce en el día a día, y aún aquellos a los que deliberadamente busco para intercambiar algún diálogo.

El blog no podía ser menos. En él vierto un chorretón de lo que carburan mis procesiones mentales. No es un simple desahogo, es la esencia misma de la válvula de escape. Y claro que no me gustaría que este blog se convirtiera en un lugar con centenares de seguidores que no dicen nada, o que no paran de hacerlo al poco de editar una entrada. Me gustan los diálogos de grupo cuyos integrantes participen con una cierta profundidad, incluso aunque sus planteamientos sean radicalmente distintos a los propuestos. Y en un lugar multitudinario, se pierde la intimidad, no hay forma de centrarse. Mas parece un muro donde todos cuelgan su ocurrencia sin ninguna pretensión concreta más que la dejar una huella. Como esas pintadas que se encuentran en las puertas de los servicios: "aquí estuve yo".

Ya, ya sé que no tengo ningún derecho a pedir. Bueno, a pedir, sí. Pero tan válido como el vuestro a negar, así que me encuentro lo que hay: una negativa silenciosa que acepto cada día, como cada día acepto que he abierto los ojos y he de salir de la cama.

¿De verdad que mis temas sólo interesan para evadirse, o aburrirse, un rato con la trascendencia? ¿De verdad que a nadie le apetece decir nada, más allá de unos saludos y unas frases corteses que denotan una cierta atención a la lectura?

Aquí dentro, allí fuera, en todos sitios, no hago sino encontrar a gente que cree que su vida no tiene remedio. Le guste más o menos, sólo le queda mantenerse en ella porque cambiar es muy difícil. Es su mejor argumento, su único, porque en sí mismo lo vale.

Con todos los respetos por mis lectores, la vida no puede ser sólo una gran fuerza que me aplasta en algún rincón de mi conciencia. La vida es cambio. Y ante el cambio, puedo dejarme ir pidiendo a la virgencita que me quede como estoy, o puedo aprender a manejarlo de un modo que se me haga cada vez más satisfactorio. No es que sea difícil, es que lo termina siendo a base de decirme todos los días que lo es, y no empezando por ello a moverme al son de lo que mi corazón y mi cabeza en conjunto me dicen.

Y mientras mi cabeza juzgue mi corazón, y mientras mi corazón maldiga mis pensamientos, no podré activar la llave que me conduce indefectiblemente por donde yo realmente quiero ir.

Que nadie se sienta obligado a contestar. Y quien se atreva, que sea porque simplemente quiere hacerlo. No necesito caricias en el lomo. No necesito nada que no sea genuino. No necesito. Pase lo que pase, todo estará bien, por mucho que yo no lo entienda  a veces.

De S.I.

17 ene. 2011

La civilización empática.

La historia de la humanidad que aún no se ha contado.

Últimamente está de moda poner en duda que haya un significado subyacente a la historia humana que impregne y trascienda las diversas narraciones culturales que forman la variada historia de nuestra especie y que ofrezca el adhesivo social para cada una de nuestras odiseas. Es muy probable que estos pensamientos provoquen una mueca colectiva en muchos estudiosos posmodernos. Pero las pruebas indican que puede haber un tema subyacente a todo el periplo humano.

Nuestros cronistas oficiales -los historiadores- han desestimado de plano la empatía como fueza motriz en el desarrollo de la historia humana. En general, los historiadores escriben sobre guerras y otros conflictos sociales, sobre grandes héroes y grandes  malvados, sobre el progreso tecnológico y el ejercicio del poder, sobre injusticias económicas  y sociales. Cuando mencionan la filosofía, suelen hacerlo en relación con el poder. Muy rara vez los oímos hablar de la otra cara de la experiencia humana, la que se refiere a nuestra naturaleza profundamente social, a la evolución y la extensión del afecto humano y a su impacto en la cultura y en la sociedad.

El filósofo alemán  Georg Wilhelm Friedrich Hegel dijo en una ocasión: "La historia no es un suelo en el que florezca la felicidad. Los tiempos felices son en ella páginas en blanco" porque constituyen "períodos de armonía". Las personas felices suelen vivir en el "micromundo" de las relaciones familiares y las afiliaciones sociales.

En cambio, la historia la suelen hacer los insatisfechos y los descontentos, los airados y los rebeldes, los que desean ejercer la autoridad y explotar a otros, los interesados en reparar agravios y restablecer la justicia. Desde este punto de vista, gran parte de la historia escrita gira en torno a la patología del poder.

Quizá por esta razón hacemos un análisis tan sombrío al reflexionar sobre la naturaleza del ser humano. Nuestra memoria colectiva se mide por crisis y calamidades, por injusticias sangrantes y episodios de crueldad con otros seres humanos, con los restantes seres vivos y con la Tierra que habitamos. Pero si fueran estos los elementos que definen la experiencia humana, ya haría mucho tiempo que nuestra especie habría perecido.




Dedicado a Alonso Posadas.

Flandes, 24 de diciembre de 1914.

La tarde llegaba a su fin. La Primera Guerra Mundial de la historia entraba en su quinto mes. Millones de soldados se apiñaban agazapados en la red de trincheras que cruzaban la campiña europea. En muchos lugares, los ejércitos enemigos estaban atrincherados uno frente a otro, a un tiro de piedra. Las condiciones eran infernales. El aire glacial del invierno entumecía los cuerpos. Las trincheras estaban anegadas. Los soldados compartían su cobijo con ratas y otras alimañas. Por falta de letrinas adecuadas, el hedor de excrementos humanos lo impregnaba todo. Los hombres dormían de pie para evitar  la porquería y el fango. Los soldados muertos yacían en la tierra de nadie que separaba las dos fuerzas, pudriéndose a unos metros de sus camaradas vivos, que no podían ir a por ellos para darles sepultura.

Cuando aquella noche caía sobre los campos de batalla, sucedió algo extraordinario. Los soldados alemanes empezaron a prender velas en los miles de pequeños árboles de Navidad enviados al frente para elevar su moral. Luego comenzaron a cantar villancicos... Primero, Noche de paz; luego, un torrente de canciones. Los soldados ingleses escuchaban atónitos. Uno que contemplaba con incredulidad las líneas enemigas dijo que las trincheras titilaban "como candilejas de un teatro". Los ingleses respondieron con aplausos: al principio con cierto reparo, luego con entusiasmo. También ellos empezaron a cantar villancicos a sus enemigos alemanes, que respondieron aplaudiendo con el mismo fervor.

Varios hombres de los dos bandos salieron a gatas de las trincheras y empezaron a cruzar a pie la tierra de nadie para encontrarse; pronto les siguieron centenares. A medida que la noticia se extendía por el frente, miles de hombres salían de las trincheras. Se daban la mano, compartían cigarrillos y dulces, y se enseñaban fotos de sus familias. Se contaban de dónde venían, recordaban Navidades pasadas y bromeaban sobre el absurdo de la guerra.

A la mañana siguiente, mientras el sol de la Navidad se elevaba sobre los campos de batalla, decenas de miles de hombres -según algunas fuentes, hasta cien mil- charlaban tranquilammente. Veinticuatro horas antes eran enemigos y ahora se ayudaban para enterrar a los camaradas muertos. Se dice que se jugó más de un partido de fútbol. Los oficiales del frente también participaban, pero cuando las noticias llegaron al alto mando de la retaguardia, los generales no vieron los hechos con tan buenos ojos. Temiendo que esta tregua pudiera minar la moral militar, enseguida tomaron medidas para meter en vereda a sus tropas.

Aquella "tregua de Navidad" surrealista acabó tan de repente como empezó: en el fondo no fue más que una anécdota en una guerra que acabaría en noviembre de 1918 con 8,5 millones de bajas militares, el episodio más sangriento de la historia hasta la fecha. Durante unas horas, no más de un día, decenas de miles de seres humanos desoyeron a sus mandos y olvidaron la lealtad a su país para expresar la humanidad que tenían en común. Enviados allí para mutilar y matar, tuvieron el valor de dejar de lado sus deberes institucionales para confortarse mutuamente y celebrar la vida.

Aunque se supone que el campo de  batalla es un lugar donde el heroísmo se mide por la votuntad de matar y de morir por una causa noble que trasciende la vida de cada día, aquellos hombres optaron por otra clase de valentía. Se identificaron con el sufrimiento de los demás y les ofrecieron consuelo. Al cruzar la tierra de nadie se encontraron a sí mismos en los demás. La fuerza para ofrecer aquel consuelo surgía de su sensación íntima y profunda de vulnerabilidad y de su deseo no correspondido de compañía.

(...) En Flandes, aquellos hombres expresaron una sensibilidad humana mucho más profunda, una sensibilidad que emana del núcleo mismo de la existencia y que trasciende los límites del tiempo y las exigencias de la ortodoxia de la época.

La civilización empática. Jeremy Rifkin


8 de Enero de 1915. (De S.Internet)

14 ene. 2011

XXVII. Cuando me enamoro.

Cuando me enamoro no hay duda de quién me inspira. El otro es la excusa, y decirlo parece simplista, pero lo cierto es que uno no se enamora del otro por quien es, sino por como se siente cuando está a su lado; sea física o mentalmente.

No hay duda de que me inspira el amor, apenas un destello del divino. Pero al pasar el tiempo he de ver en qué queda todo cuando se termina la fiesta que se monta el sentimiento con toda su cohorte de emociones.

Somos fácil presa de un cóctel hormonal agridulce que agita nuestro psicocuerpo.
Y uno se cree que los pensamientos que le son inspirados por tan intenso brebaje le acompañarán para siempre.
Y lo desea con tal fervor, que cree sinceramente que no puede ser de otra forma.

Y, sin embargo, sabemos que no es así, que el triunfo no siempre está al final de esa experiencia. No al menos el triunfo de lo que la inspiró en los comienzos. Y en tanto todo cambia, aquello que empezó, necesariamente sufrirá su transformación insospechada.

No es sino después que entendemos, o no, que lo que creíamos amor pleno no era sino enamoramiento. Nada despreciable, por cierto, incluso profundamente deseable, mas no garante de lo que a posteori acontece.

Un brindis por los que se enamoran, en tanto en su arrojo torero tocan con las puntas de sus dedos a un tiempo, el cielo y el infierno de la tierra.



De S.I.


Fumar puede matar, dicen...

Y vivir, ni te cuento...


**

Vaya gusto tener wifi en la cama.
Me pregunto a cuántas personas en el mundo tengo que agradecerle mis privilegios.

13 ene. 2011

Apenas.

Ayer colgué una foto en mi entrada algo subida de tono. Aunque yo no dejo de ver en ella una figura estética inspiradora que en nada me ofende, no tengo ya dudas de que a otros sí.

Al regresar del trabajo me faltaba un seguidor. Seguramente el que podría decirnos a dónde ir, que yo no estoy segura. Sonreí. Quizá fuera casualidad, pero no suelo creer en ellas, así que a la punzada de duda que sentí al ponerla, le ha seguido un retirarla sin problema. Faltaría más, por una foto.

Entiendo que, para ciertos posicionamientos existenciales, las imágenes del placer llevado a un extremo hieran tanto como las del dolor llevado al otro.

Sólo sé que esa me pareció hermosa. Las que retratan el dolor suelen parecérmelo menos.

Cuando empecé este blog temía tanto ser leída como no serlo. Si algo he aprendido durante el trayecto que llevo es que ya no me da miedo ninguna de las dos cosas.

Ventajas de amar la soledad, supongo. Aunque según la perspectiva también son buenos inconvenientes...

En honor al que no me leerá más, hoy no pongo foto.

12 ene. 2011

XXVI. ¿Me gusta bailar?

Me lo han preguntado muchas veces. ¿A quién no le gusta si ha deseado  alguna vez ser libre?

Me gustan las experiencias del cuerpo: comer, beber, dormir, andar, bailar, hacer el amor... cuando la mente juiciosa no interfiere demasiado en ellas con sus preceptos, conceptos y demás memorias dolorosas. Pero la tengo tan incrustada en mi consciencia, que diría que soy hija de un juicio andante que intenta redimirse mediante las letras.

Hace un instante una música inopinada secuestró mi cuerpo y lo puso a contonearse. Qué bien sentía el movimiento, que distensión de las rigideces matutinas propias de la edad y el sedentarismo que se va instalando en mi ánimo.

Al poco resoplaba, no podía seguir la marcha, mi cardiovascular va de pena. Y no me extraña. En lugar de hacer caso a mi cuerpo que me pide a gritos energía, consumo la que tiene de reserva para masturbar mis neuronas con penas obsoletas.

La baja energía me hace llorar y me agota. He de remontar tristezas, aunque sepa que de nuevo bajaré a bañarme en ellas; porque de ese mar de lágrimas que conforman nací yo que, voluntaria, decidí dejar de ser sirena de mis aguas.

Con los años el cuerpo se desgasta. O lo cuido o lo maltrato, de muchas maneras indirectas. Si al final todos morimos, mejor si no es mucho el dolor físico que me acompañe al dintel de esa irreversible puerta.

Y si el cuerpo siempre me echa una mano cuando le ayudo a ayudarme, ¿qué clase de victimismo hace que tenga que pedírmelo a gritos, que tan a menudo desoigo?


De S.I.




Sobre Física Cuántica.

¿Y tú qué sabes? Neuronas. Fotograma.

http://video.google.com/videoplay?docid=-3187146284704693764#docid=811675932914612340


El cerebro no conoce la diferencia entre lo que ve en su entorno y lo que recuerda, porque se activan las mismas redes neuronales.

Construimos modelos de cómo vemos el mundo exterior, y a medida que acumulamos información vamos puliendo el modelo de una forma u otra. En última instancia lo que hacemos es contarnos a nosotros mismos una historia sobre qué es el mundo exterior. Cualquier información que procesamos, cualquier información que tomamos del entorno está siempre empañada por las experiencias que hemos vivido, y por la reacción emocional que tenemos ante lo que estamos introduciendo.

La Fisiología nos dice que las células nerviosas que se activan simultáneamente están conectadas. Si haces algo una y otra vez, esas células tienen una relación prolongada. Si todos los días te enfadas, si todos los días te frustras, si todos los días sufres, si en tu vida das motivos para ser una víctima, todos los días estás reconectando y reintegrando la red neuronal. Y esa red neuronal tiene ya una relación duradera con esas otras células nerviosas, llamadas identidad.

10 ene. 2011

Vivo lo que creo que vivo.


De S.I.

-Y si yo soy Amor, y si todos lo somos... ¿por qué tanto desconcierto, desencuentro y desaliento, en el orden que se prefiera?

-Pero es que no lo sabemos. No sabemos que somos Amor, que somos el Amor mismo cuando vive ignorando que lo es.

-Entonces, ese lacerante anhelo del "uno" por el "otro", al que se piensa lejos, para cubrir ese desierto de afecto ¿de dónde proviene? No puede ser que sólo sea una proyección bestial de hipnosis colectiva por el Miedo a la Escasez.

-¿Por qué no puede? Las condiciones de vida sobre la Tierra nunca han sido fáciles. La gran mayoría de occidentales viven en burbujas de bienestar relativo, en el que algunos son más estrujados que otros, es verdad, pero donde existe siempre la posibilidad de hacer algo por evitarlo en tanto se participa de la "la misma bolsa urbana de riqueza". Algunos son más cucos que otros, y por eso respiran más holgados. Pero no importa. Cuando enfermen puede que se den cuenta de muchas cosas que no volverían a hacer si el mal que aflije a su cuerpo, al delicioso chasis material de su espíritu, le regala unos años más de vida. Reflejo por reflejo: yo te perdono la vida y tú intentas cambiar tu visión de las cosas actuando en consecuencia. Si eres el Amor que eres, aunque no lo sientas siempre cierto, nada puede irte a peor, incluso aunque no lo entiendas cuando parece que sí lo hace. El cuerpo tiene maneras de domeñarte cuando no quieres escuchar otras voces que también suenan en tu cabeza, y a las que prefieres no hacer caso, o hacérselo demasiado si con eso logras hacerte más daño, que todo es posible.

-Es demasiado crudo lo que dices. Me atribuyes más responsabilidad de la que puedo tragar. Me siento como la boa que se comió al elefante.

-¿Y qué? No se muere de eso la boa. Si no, no se lo comería. Hay que calmar la ansiedad que produce tamaña digestión respirando profundamente lo que hay, sin resistirse porque duele más. Al final no te libras de la ingesta que tuviste que tragar, mal que te pese y no entiendas qué diablos haces ahí, por qué tú, que siempre creíste que los accidentes les ocurrían a otros.

-La genética cuenta mucho. Eso es indudable. Si yo soy feo o tonto, o no tanto, pero sí limitado en muchos aspectos, no me pueden ir igual de bien las cosas que a un guapo o listo, por simplificar mucho los términos.

-El Amor que eres no entiende de adjetivos. Y si te empeñas mucho en negar eso, aún atraerás sobre ti más desgracias, en términos humanos, que las que de por si atrae ser feo o tonto, en el supuesto de que lo haga. Algunos feos o tontos han sido muy queridos por los otros porque mostraban sin pudor el Amor que eran. Quizá por necesidad lo hicieron al principio, mas luego es obvio que les compensó el resultado.

-Imagino que cuando salimos ahí fuera en busca de emociones placenteras, el Miedo a la Escasez no ayuda nada. Si vivo lo que creo (de creer) que vivo, así lo percibiré en tanto yo lo creo (de crear) con mis actitudes. Y eso que perciba no será sino lo que interpreto; porque ya sé que eso que todos afirman realidad, tan sólo es un consenso mayoritario avalado por la Ciencia, el dios de los hombres racionales.

-Con esa conciencia de la escasez que reina en el mundo es imposible que nadie se crea Ser el Amor que Es. El Miedo es al Amor, lo que la Oscuridad a la Luz. Ves o no ves, eso es todo. Y no en vano se dice que no hay peor ciego que el que no quiere ver.

-De modo que salgo a la calle pensando que todo es un erial, y es más real que las distancias que nos separan sólo están en mi imaginación y en la de todos. No me extraña que sintamos alguna clase de recelo. El que tiene miedo de que le quiten algo, atraerá siempre a gente que necesita tanto ese algo que él tiene, y que a la menor oportunidad hará por arrebatárselo.

Y entiéndase la metafora aplicada a la vida de cada uno como mejor le cuadre, pero en abstracto es un esquema muy fiel de cómo se traduce ese miedo a la escasez en cada uno de los seres que pueblan la Tierra. Un lugar duro de conquistar en otro tiempo, pero al que estamos agotando ahora que ya es nuestro.

9 ene. 2011

XXV. Arriba y abajo.




Aplicando el microscopio de mi foco mental no puedo escaparme de lo que percibo: de lo que me importa, de lo que me pasa, de lo que quiero, de lo que vivo...

Es difícil porque implica estar ahí, resolviendo o complicando, pero ahí. Sin tratar de disimular lo que por momentos me supera, no entiendo y en poco o  nada se parece a lo que prefiero imaginar.

Imaginar conmigo enmedio. Disfrutando o padeciendo. Pero ante todo no ignorando que es mejor aceptar, no precisamente resignada, que vivir primero que nada es ser Testigo de lo que hay.

Un Testigo que sospecha que una buena parte de lo que acontece, y eso es lo más interesante, también es un poco mentira...