6 dic. 2010

Motivación. II

Y ella repuso:

Así, efectivamente, a base de pálpitos, como tu dices, vamos haciendo camino.
Sin embargo me cuesta entender ese primer planteamiento tuyo con el posterior desarrollo (será que me estoy haciendo mayor)...

 "Cambiar la creencia en el fracaso por la creencia en el acierto" -dices-y yo me pregunto: ¿qué resuelve eso? ¿no lleva el acierto de la mano al error, cómo acompaña la noche al día, la luz a la oscuridad, la bondad a la maldad...?

Y entonces sugieres luego los pálpitos.

¿Podremos aprender a latir por afuera de esa concepción dual de la realidad, como bien dices,... que nos obliga a deslizarnos constantemente en esa cuerda floja entre extremos... hoy fracaso, mañana acierto.... o viceversa?

A lo que yo respondí:

Parece cada vez más deseable hallar una sobria armonía con el pequeño caos en que se ve convertida nuestra vida en el devenir dual. Durante el proceso, si es que éste deviene consciente, podemos reaccionar, o podemos actuar. Si es lo primero, estaremos al pairo de la polaridad del signo, de acuerdo a nuestra propia forma de vibrar, entendiendo por vibrar nuestra propia manifestación: nuestro pensar, nuestro sentir, nuestro actuar, con o sin voluntad consciente de su manejo.

Mas si es lo segundo, eso no garantiza a bote pronto, y puede que tampoco algo más tarde, que hallemos lo anhelado en el reino de las ilusiones. Pero comprenderemos que ese reino sólo es el argumento de este sueño en el que todos estamos inmersos. Y eso seguramente debería bastar para calmar unos enteros la ansiedad, el ¿mal? de la humanidad, del que muy pocos escapan verdaderamente.

Con eso, tal vez durante una noche clara y serena de nuestro desierto interior, que nos viene de serie, en el que a uno no le queda otra que encontrarse consigo mismo, y que le acompaña incluso cuando está abarrotado de compromisos y actividades mil. Tal vez, decía, vislumbremos la paz emocional como el extremo deseable de la ansiedad en la que chapoteamos habitualmente. Y aunque en nuestra consciencia ese vaivén parezca estrecho, da luz creer que pertenece a otra consciencia mucho más amplia que nos contiene, que seguramente sabe lo que hace mejor que nosotros, y a la que no nos queda otra que dar soporte, como ella nos lo da a nosotros.

Que el pincel crea que es él el que pinta mientras pintan con él, o que el violín sienta que es él el que toca mientras lo interpretan (iba a decir, ejecutan, pero sonaba fuertecillo), son imágenes que nos chocan, pero que no dejan de ilustrar (alumbrar) de alguna forma la mole de la incertidumbre de la que todos más o menos picoteamos durante el hacer que parece no poder dejar de hacerse.

¿Y para qué quiero yo actuar?, puede preguntarse; e incluso matizarse: “parece más divertido reaccionar, liberar las pasiones”. Adelante. Ancha es Castilla. Y cuando llegues a la frontera, no te olvides de seguir intentándolo, a ver qué pasa. Tú decides. Eres tan libre de descalabrarte como de armonizar con el medio. Empéñate si quieres en respirar bajo el agua en la que te has caído o te han tirado. Pero si intentas al menos una apnea, puede que salgas o te saquen con vida, y ojalá que con ninguna secuela que te deprima y no veas.

Medusas gigantes. Imagen de S.I.


En este universo de infinitas posibilidades, cada cual sabrá a su debido tiempo lo que sea que quiera o deba creer. O no. Que todo es posible, y aquí todos lo intentan a su manera; más o menos dormida, más o menos despierta...

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