28 jun. 2010

¿Y qué decir?


¿Sobre qué...? ¿Sobre qué quería hablarme hoy...?

No sé, estoy inquieta, no me siento bien. Me falta algo, o me sobra, no sé... No ha pasado nada. Quizá sea eso. Que mientras espero que 'me' pase, el tiempo se hace espeso, mi estar es incómodo, mi respirar superficial.

Pienso en la gente que está en mi vida. Sus caras pasan rápido por mi lente y apenas me dejan su aroma. No veo a nadie cerca. Son todos como planetas moviéndose en sus órbitas, como yo en la mía. Algunos extraños la cortan y, en el tiempo que dura el contacto, apenas saboreo su compañía. No me da tiempo. Vienen con sus planes. Quieren que les acompañe, pero no puedo; me perdería en el universo de posibilidades. Me debo a mi sol. Él mantiene la vida en mí.

¿Sobre qué puedo querer escribir yo si mi voz es como un suspiro en el desierto?
¿Para qué voy a repetir lo que ya se ha dicho?
¿Para mí?
¿Quizá para algún despistado que me sienta afín?
Escribir para mí no es un mal ejercicio, la verdad, porque engrasa los dedos y descarga la mente, la entretiene. También me deja en forma para escribir lo que quiera, aunque a veces no sepa qué. Querría ser un canal transmisor de información fundamental. Pero... ¿para qué? ¿Para que me noten y me quieran?

-¿Tú qué me lees, qué opinas?

-Yo?

-Sí, tú. No veo otros ojos puestos en lo que digo.

-Pues que ser notados queremos todos en una u otra medida. Solos no somos nada. Bueno, somos, pero nos sentimos menos. Somos células del tejido humano de la Tierra, y las células son autónomas pero no puede vivir solas, sin contar para nada con el resto. Su mayor sentido, en cierta medida su único sentido, es formar parte de algo que tiene algún objetivo, aunque sólo sea estar vivo e interactuar en la experiencia con otros.

-¿Y por qué llega a hacerse tan necesaria, incluso enfermiza, una tendencia que parece natural?

-¿Quizá porque no nos hemos dado cuenta realmente, de que depende de nosotros mismos que eso no suceda

-¿Cómo dices?

-Sí, es como si no hubiésemos aprendido a usar la potencialidad que llevamos dentro. Nos hacemos adictos a pedir cuando jamás nos hemos sentido colmados en la edad de la inocencia; o en el extremo opuesto, cuando hemos recibido tanto que llegamos a creer que todo el monte es orégano.

La inercia puede volvernos "perezosos" para investigar porque nuestra naturaleza, gobernada por la ley del mínimo esfuerzo, tiende siempre a la economía. Y si no te das cuenta, esa inercia es la que te convierte en un pequeño déspota sin saberlo. O en uno grande, como ya sabemos por la historia.

-¿Entonces me estás diciendo que cuando me siento mal porque no escribo, o cuando no escribo porque me siento mal, eso no es sino un síntoma claro de que todo se reduce a que me creo víctima de algo que no me es dado como espero?

-En cierta forma, sí. La causa del malestar no es la circunstancia en sí misma, sea que no te inspiras, sea cualquier otra cosa. El malestar sólo es un síntoma, un efecto de algo que está más allá de tu vista en ese instante. Y como no sabes, o no quieres identificar lo que realmente es, proyectas la causa fuera y te dices que no te concentras, o cualquier otra que te cuadre con lo que sientes. Difícilmente podrás percatarte así de qué está pasando en realidad.

-Tú siempre tan comprensiva. Lo tienes tan claro que no sé cómo no logras convencer a nadie. Bueno, claro, eso es imposible si ni a mí misma me convences a veces.

-¿Es ahora el caso?

-No, bueno, tiene sentido lo que dices, suena razonable, pero eso no me quita ni un ápice del malestar que de todas formas tengo, sea porque no me inspiro, sea porque ahora me parece que sí, al transcribir lo que me cuentas. Lo que pasa es que cuando me creo perezosa me siento incluso peor, a pesar de que podría relajarme pensando que la causa de mi pereza es que no me siento motivada.

-Es lógico. Aún no te has dado cuenta de tu responsabilidad contigo misma. Aún sigues esperando que alguien llene, afectivamente hablando, alguna parcela de tu vida.

Y no hablo de lo que representaría una pareja o similar, sino del deseo implícito de hallar cualquier manifestación que te alegre el corazón; desde un simple gesto, sea material (un libro) o sea intangible (un abrazo), hasta la cuestión central de no querer prescindir de que las personas escogidas por ti misma, sigan contando con tu presencia, como a ti te gusta que lo hagan, que no es de ninguna forma concreta, pero que tiene indudablemente tu huella.

¿Qué me dices?

-Que de tu voz suena divinamente, pero en la práctica las cosas siempre son de otra manera.

-Sólo porque parecen serlo.

-Claro, es lo que yo digo. Lo sean o sólo parezcan serlo, la cuestión es que producen el mismo efecto.

-Eso es cierto. Pero una imagen es falsa y la otra no. De partida, y quizá durante mucho tiempo, no sabrás cuál es la verdadera... Como sólo tienes lo que hay, te guste o no, tienes que decidir libremente la que quieras y vivir de acuerdo con ella; que eso es exactamente lo que estás haciendo ahora consecuente con lo que escoges creer en cada momento del día. Aunque prefieras pensar que es la atmósfera externa, lo que "no pasa" ahí fuera, lo que te roba las ganas de tantas cosas. No me dirás que a estas alturas tienes un conflicto con la evidencia de esa responsabilidad.

-No, conflicto, conflicto, no tengo, pero...

-Me parece que ese "pero" es la hilacha de uno que no quieres reconocer.

-¡Vaya marcaje...!

-No me preguntes. Mi deseo no es molestarte. Sólo responderte.

-Lo que me dices me deja seca, me paraliza, me hace el efecto de una pereza más grande que yo misma.

-Lo siento. Siento que la perspectiva no te motive, que prefieras negar que ese efecto mental que sientes sólo es un producto tóxico de tus memorias dolorosas.

Si por un instante pudiéramos manejar la información psíquica como maneja un ordenador la suya, podríamos ver el aspecto que tiene realmente su contenido, en diversos formatos, con carpetas e infinidad de subcarpetas, que contendrían los deseos, las necesidades, las expectativas, las emociones, los sentimientos, las ideas, las creencias... así como un largo etcétera de combinaciones insospechadas entre ellas. Con un sistema operativo que vendría a ser como el punto de vista existencial, la perspectiva vital que organiza todo eso.

Procesar toda la información sería un empeño absurdo (o no, pero no entremos en eso). Al fin y al cabo tampoco es necesario para manejarse con todo lo que hay, pues se trataría sólo de buscar los archivos que traducen experiencias indeseables.

Si jugamos con la idea de que podemos organizar nuestro pensamiento emulando a ratos ese procedimiento informático, suena a que quizá nos roboticemos en exceso, a que perderemos la espontaneidad que tanta salsa le da a la vida.

-Eso mismo estaba pensando yo.

-Claro, ya sabes que te oigo llegar. Pero eso ya será cosa tuya, porque obligatorio no es.

-No me dejas respirar.

-Sí te dejo, mujer. Pero piensa que es un efecto simultáneo, porque curiosamente tu duda y tu respuesta vienen de la mano y vierten su información emparejada a tu conciencia. Son amigas desde hace tiempo, lo que ocurre es que lo llevas en secreto porque te da pudor lo que pueda decirte ese señor severo que dices que llevas dentro.

-Ya... Es una pasada mi severo. Me doy cuenta de que él es quien no me deja respirar porque siempre está en pose exigente.

Claro, es que es su trabajo, lo hace muy bien, y no le pidas que haga otra cosa porque no sabe. Es como si te enfadaras con el agua por mojarte. Maneja ideas rígidas y no tiene emociones. Ese sí que parece un ordenador cuando te saca una ventana de "nones" y te pone el "aceptar" debajo.

-Qué jodido es...

-Y ¿por qué usas ese programa?

-No es un programa, es lo que yo siento. Siento que la vida no se parece a lo que había imaginado. Es una sensación que va creciendo con el tiempo y el vértigo que me produce a veces lleva un movimiento uniformemente acelerado. Es horrible. No sé cómo pararlo.

-Es imposible que puedas parar un programa de esas características. No puedes navegar por ti con un programa tan limitante, mucho peor que el Vista. Te pone pegas a todo, y a todo le saca la punta. Quieres que te deje en paz con sus monsergas y al mismo tiempo lo pones en marcha. ¿Qué otra cosa puede hacer sino rendir al máximo? No sirve de nada que intentes controlarlo, impedirle el paso por según qué sitios. Compréndelo, te ha infectado todo lo que has pensado ese día. Y las emociones oportunistas reactivan tus sinapsis. Y tú, sin saber que eres la que hace todo eso...

-Mira, creo que me estás tomando el pelo. Las cuestiones de la mente son mucho más complicadas. Ese símil no me vale. Estás simplificando algo cuya naturaleza es realmente desconocida.

-Ahora creo que te defiendes de mí. Recuerda que yo no soy tu enemiga. Estoy aquí a tu favor, y si no me quieres guardaré silencio. Entiendo que prefieras el programa que te anula y te hace creer que no eres responsable y al mismo tiempo te hace sentir culpable.

La vida es mucho más sencilla, de una simpleza tan sutil y al tiempo tan extensa, que la mente que se extravía en su propia capacidad, no se da cuenta de lo que se pierde por no saber relajarse de sus cuestiones, especializadas en complicarlo todo por razones connaturales a su propio egocentrismo.

Por eso a veces te sientes tan bien y no sabes por qué. En ese momento, la delicia de ser asoma dos palmos por encima de tu cabeza y todo te parece bien como está. No lo entiendes, pero lo encajas en tu contexto existencial. Tienes esperanza porque alguna dosis de confianza te ha sido regalada por una providencia indescifrable.

-Es verdad que durante esos momentos siento que respiro de otra manera. Que paladear la plenitud de cada instante me llena más que cuando tengo un nido de grillos en la cabeza.

-¿Y eso te parece falso?

-¡Me encanta!

-¿Y crees que tú no has tenido nada que ver en eso?

-Pues no sabría decirlo. Me limito a sentirlo y aprovecho al máximo sus efectos.

-Y haces muy bien. De eso se trata. De que aprendas a vivir el mayor número de instantes así hasta que no experimentes incomodidad entre los espacios que medien entre ellos, te parezcan un día, un mes o un año.

-¿Y qué puedo hacer para que ese espacio no me incomode?

-Primero aceptarlo con tranquilidad, porque todo depende del producto final que manejen tus pensamientos. Y ese producto final no esperarás que esté hecho según tus deseos si ni siquiera te tomas la molestia de crearlos.

Nadie puede darte lo que deseas realmente si tú no generas el deseo en ellos. Y nadie puede generar ese deseo si no se siente motivado a hacerlo. Claro que es más divertido pensar que será su cualidad surtirte con un repertorio improvisado que sea de tu agrado. Pero como verás, no suele ser así. Y cuando lo es, nadie te lo garantiza de por vida. ¿Vas a sufrir todas y cada una de las veces que eso pase? ¿Tiene sentido que lo hagas?

-La verdad es que no me gusta la idea de creer que tienes razón, pero en gran medida la tienes.

-Obras son amores y lo demás buenas razones. Mi intención no es darte razones. Tú las tienes de sobra. Son tuyas, y están fundadas. Estoy de tu parte en ese sentido porque sé lo que te pasa. No quiero que pienses que tomo partido por alguien que no sea por ti misma, mas no puedo obligarte a que me creas, porque lo que yo manejo no son creencias, sino el amor que te tengo.

Sabe que me inspira tan sólo la idea de que no te pierdas esta experiencia, esta aventura, esta travesía tan extraña de la conciencia, pues eso mismo me parece que quieres. Pero si quieres otra cosa siempre estaré aquí para orientarte cuando todo parezca irse a pique. O mejor antes, porque cuando estás para una urgencia es mucho más difícil que me oigas entre el ruido de los acontecimientos.¿Entonces?

-¿Qué?

-¿Has decidido lo más perentorio e inexcusable para salir de esas asociaciones que crean un clima tan gris en tus días?

-Lo siento, pero no. Estos diálogos son muy didácticos, pero no me dicen qué es lo que tengo que hacer. Cuando se acaban me quedo yo diría que peor, porque el ideal se me dibuja en el horizonte, pero no tengo barco para llegar a un sitio que siempre estará allá lejos.

-Es que es ideal sólo para inspirarte, para que no te angusties durante esos instantes de aparente vacío, entre los que parece no pasar nada. La ansiedad produce vertidos que a su vez desatan emociones que falsean la percepción del tiempo, y que se aceleran con el programa del juicio que ya mencionamos antes.

Se trata de emular el ideal, pero no la plasmación perfecta, ya que dejaría de darle sentido a la experiencia de vivir aquí, ahora, tal y como lo conoce cada uno. La perfección es quietud y aquí no hemos venido a estarnos quietos, sino a dar de sí todo lo que podamos.

Y los contratiempos están concebidos como los mojones del camino que vamos transitando,que aunque nos parezca mentira lo hemos elegido nosotros, y aunque las coordenadas están en parte determinadas por la herencia y el lugar en el que aparecimos, el margen de maniobrabilidad sigue siendo muy extenso. Como sabes, a veces más de lo que podemos manejar.

Pero esos mojones suelen considerarse como errores de suma torpeza, de inhabilidad manifiesta, por el programita de marras que te empeñas en usar, tanto más, cuanto más se dilata ese espacio de insufrible incertidumbre y desasosiegos varios. ¿Sigues sin darte cuenta de cuál es el primer paso, tan necesario como respirar

Creo que me estás pidiendo que deje de juzgarme. Pero la inercia de hacerlo es más fuerte que yo. Como dices, es automático.

-Te comprendo. Para eso hay un parche que puedes bajarte de la red de las oportunidades. Se llama perdón. Sí, ya sé que te produce risa algo tan sencillo y al mismo tan complicado. Y que es su complicación la que en verdad te hace llegar a las lágrimas, cuyo sabor ya no distingues.

Ese parche tan tonto es mágico. Tú lo aplicas hasta sin ganas y te hace efecto. Parece un placebo, pero funciona. Si arrancas el juicio, conecta el parche para que vayan de la mano el juicio y el perdón. Es así, no tienes ni que dudarlo. No hay planteamiento que valga. Es así, créeme.

O si no quieres creerme, entonces sigue viviendo lo que hay tal y como lo vives ahora, pues es bastante probable que sin saberlo, creas que condenarse es más real que perdonarse. Y seguirás viviendo la vida congruente con esa idea.

Nunca subestimes el efecto adormecedor de la inercia. Llega como si tal cosa y, al poco, se ha instalado en tu casa, se ha sentado en tu sillón favorito, ocupa tu cama por las noches y empieza a consumir y degradar la foto fija con la que prefieres representarte.

Muévete, haz lo que quieras dentro de las obligaciones que en apariencia inamovibles te hayas impuesto. Y deja de esperar encontrar fuera para sentir dentro. Es mejor que primero lo pienses dentro y te lo creas tanto que lo sientas; y que lo sientas tanto que empieces de verdad a reconocerlo fuera en todos lo sentidos, grandes, pequeños o sutiles en que se manifieste.

Y nunca te olvides cuando las cosas parezcan no ir como esperas de que no se trata de juzgarse, sino de preguntarse qué es lo que realmente quieres hacer, ahora y siempre.


**
Para Nebroa con Amor.

1 comentario:

PazzaP dijo...

TORO SALVAJE dijo...
La inercia se me comió pero también es cierto que hice todo lo posible para evitarlo.
Me moví, busqué, vi, experimenté, comprobé, y me deprimí.
Afuera no hay un planeta que me guste.
Y mi Sol está sentenciado.
Me quedo con mi inercia.
Es fiel y además no habla.
Me deja en paz.
No es poco eso con los pesados que hay por ahí fuera.

Saludos.

30 de junio de 2010 08:10

PazzaP dijo...
La paz es lo primero para que se dé todo lo bueno; y si tú ya la gozas, no es poco, no.

Es mucho más de lo que jamás dirán otros...

Salud y brindo por ello.

30 de junio de 2010 17:44

José Ángel Gómez Fernández dijo...
Muy reflexivo, buenos símiles, muchas verdades... lo cierto es que me has dado mucho en que pensar. Me gusta como escribes, pero sobre todo, como piensas. Un saludo Paz y Paz en el espejo.

2 de julio de 2010 20:54

PazzaP dijo...
De eso se trata, de pensar. Aunque espero que ese mucho no te pese, pues la idea es la contraria: liberarte del automatismo que te impide elegir en todo momento qué es lo que realmente quieres. Algo que, paradoja, sigue siendo una incógnita entre quienes no se conocen tanto como creen.

Un saludo y gracias por "prestarte" atención. :)

3 de julio de 2010 00:00