17 ago. 2010

Masculino y Femenino: géneros y energías.

En una entrada de Zarzal, en la que él mismo fue testigo de un curioso equívoco, aprovechó para deslizar una duda existencial sobre la inteligencia masculina.

Alguien en el metro hablaba con un amigo en voz muy alta y de un modo ambiguo. Dado que el núcleo de la historia aparecía velado, cualquiera que supiera leer entre líneas concluiría que en efecto aquel material apuntaba a lo sexual con un toque controvertido y picante. Circulan  historias similares por Internet, en las que cuando la tensión por lo insólito de la confidencia cacareada llega al culmen, la incógnita resuelta corrobora sin fisuras el paralelismo con algo tan absurdo como un simple mosquito que pica, un catarro que anida en un cuerpo, o, como en este caso, la "actitud" de una máquina tragaperras que nos "ludopatiza". Para ampliar el quid de este diálogo, merece leerse el texto.

Zarzal plantea su duda al final de su exposición: Y esa es la anécdota. Da que pensar ¿no? A mí por lo menos, me surgió una gran duda: ¿nos estamos volviendo gilipollas los hombres? No sé, pregunto.

Le salió al encuentro Elvis que, paradójicamente, negaba y confirmaba a un tiempo: Rotundamente no, no nos estamos volviendo gilipollas..., más que nada porque ya lo éramos hace tiempo. Pero sí es cierto que tendemos a tener la mirada, el oído y el resto de sentidos demasiado sucios. Incluso el sentido común. Pero bueno, prefiero ser un cachondo mental, que vivir en el más oscuro de los celibatos...

Zarzal concuerda con Elvis, matizando su debilidad por las mujeres: Pues sí, aunque el sentido común, más que sucio, lo tengo desorientado, porque las mujeres llegan a marearme tanto, que a veces no sé ni dónde tengo la cabeza. Eso sí, la mirada la tengo tan sucia, que no puedo ni entrar en una frutería. Apenas veo los melones (sobre todo esos tan redondos), las peras, los melocotones, los pomelos, las naranjas... me pongo cardiaco. Pero es normal, las mujeres son cada vez más guapas y atractivas (tanto exterior como interiormente). Es difícil que uno se pueda resistir a tanta belleza.

A lo que Elvis, influido por lo práctico, hace una llamada a la calma: Y quien no está desorientado con las mujeres..., si fueran microondas al menos traerían manual en uzbeko..., pero no hay que preocuparse, en el fondo a ellas las pasa lo mismo cuando ven un platano o un pepino, lo que pasa es que ellas no lo reconocen. Ahí si que no quieren saber nada de la igualdad y todo eso, siguen diciendo que son diferentes, pero a mi no me engañan...

Y es entonces cuando Zarzal se siente impelido por su propia fantasía: Pues microondas no son, pero a mí a veces me queman sin que haya fuego de por medio. Imagínate que pudiéramos leer sus pensamientos (como en aquella peli de Helen Hunt y Mel Gibson), ¡más de un susto nos íbamos a llevar! Si algún día se desmelenan del todo, a los hombres nos van a tener que poner en la lista de especies en peligro de extinción, jeje.

En esas me presento yo, sonrisa en ristre, aportando ideas varias (algo modificadas aquí para evitar repetirme) con la que estimular la conciencia; y que, por abstrusas, a la postre sólo representaron un mero alarde de pedantería: La Naturaleza programa lo masculino del Ser con un potente impulso sexual; por eso, cuando no estáis deprimidos por la razón que sea, os funciona constantemente; si bien está salpicado de otros muchos impulsos (a veces en conflicto) inspirados por esa masculinidad: acción, búsqueda, razón, lógica, en su sentido más puro, si bien aplicado de la manera más diversa; y también por la feminidad cuando no os la escondéis: intuición, comunicación, creatividad, sobre todo.

Y claro que a la mujer también le gusta, y le pasa lo mismo o similar en todo lo que apunta Elvis sobre el deseo, pero no así tan puro, porque nuestra feminidad predomina, como en vosotros la masculinidad. Sólo hay que reconocer que somos duales, que lo femenino (yin) y masculino (yang) son energías presentes en todos los seres, y que se trata de que cada uno equilibre en sí mismo ambas, para cultivar buenas combinaciones en la interacción entre hombres y mujeres.


La energía sexual es expresión radiante del grado de vitalidad personal. A veces deviene en patológica, por exceso o por defecto de alguno de los polos yin o yang que nos energizan. Pero es ¡sólo! porque no nos entendemos, ni a nosotros ni a los otros, en un par de cosas importantes, en tanto estamos en estadios nuevos de consciencia a muchos niveles, y el sexual no podía ser menos. Cuando la reproducción era necesaria, el sexo se concebía de otro modo. Ahora, no siéndolo tanto (muchos somos y difícil se nos hace organizarnos), podemos dedicarnos a otras cuestiones con esa energía que pulsa abajo, pero que ha de extenderse en todas direcciones. Recordando que, sin equilibrio, lo que tenemos es lo que hay. Pero podemos organizarnos soltando algunos lastres...

Entonces Zarzal, sus razones tendrá, escoge centrarse en la metáfora de la bicefalia masculina para exponer su teoría; obviando la dualidad y descartando al tiempo uno de sus cerebros (admite dos cabezas, mas no dos cerebros); el mismo cerebro que, curiosamente, sólo ve representado como deseo en el sexo opuesto; el mismo que le ayudaría a entenderse a sí mismo y al tiempo a nosotras, sus más ‘gratos’ motivos de desvele: Como bien dices, tenemos dos cabezas, lo cual no sería problema si tuviéramos sangre suficiente para que las dos funcionaran correctamente al mismo tiempo. Seguro que alguien debe haber hecho un estudio sobre el tema en cuestión, jeje. Eso sí, tener sólo tenemos un cerebro, aunque a veces a las mujeres os parezca que ni eso. Así que no es que pensemos con la de abajo, es que la de arriba se desactiva, o pierde parte de su capacidad.

Ya en terrenos de la dualidad emocional, prosigue con el elogio-desprecio de la naturaleza, sobre la que derrama su ira al creerla responsable de ciertos efectos irracionales que, lo sepa él o no, sólo son achacables a la humana condición, que a menudo olvida que tiene responsabilidades que no asume en aquello que hace, y que se ignoran por inconsciencia o incluso aposta: He de admitir que la naturaleza es muy sabia, pero también una hijadesumadre en que según qué cosas. Por ejemplo el instinto de reproducción al que haces referencia, y del que somos esclavos en mayor o menor medida. La naturaleza no entiende que son muchos los métodos anticonceptivos a nuestro alcance, para ella siempre habrá una oportunidad, así que seguirá martirizándonos sí o sí. Si estuviérais en nuestro lugar entenderíais que no es nada agradable que ese "potente impulso sexual", como dices, funcione constantemente. (Claro que es difícil. Como tantas otras cosas lo son en la vida… Pero aquí estamos, sabiendo que la consciencia es la única que puede enseñarnos a establecer y compartir las relaciones de otro modo…)

Más tarde y ya para acabar, toca el cliché inveterado del desencuentro fatal en el lugar común: Otra cosa que me hace gracia es que cuando se trata del hombre se habla de sexo, una necesidad meramente fisiológica según lo entiendo yo, y en cambio con la mujer ya pasa a ser amor, donde ya entran en juego los sentimientos. Quizá sea hora de que empecéis a plantearos muy seriamente que no todos los hombres actuamos como monos. Que seamos una minoría no significa que no existamos. Pero claro, con tanto capullo suelto por ahí... (sí, supongo que capullo es la palabra que mejor define a los que piensan con la polla).

A lo del detalle simiesco le replico amigable: Tienes razón en lo que dices; precisamente porque tengo en cuenta que no todos los hombres actúan como monos; lo cual me produce una alegría indescriptible.
Y terciando a favor de la causa: De todos modos, la necesidad fisiológica está en hombres y mujeres. Y es cierto que hay mucha confusión en lo que se interpreta de unos y de otros a tenor de esas cuestiones.
Hago luego un guiño sobre el término ‘amor’, tan manido como malinterpretado en su concepto, que ha deslizado entre sus líneas: También la hay, y bastante grave en el origen, en lo que suele llamarse amor, y que no es sino los estragos que hace su ausencia y la extendida necesidad de él.

De nuevo aparece Elvis reafirmándose en la igualdad, aunque con lo del amor se hace un poco de lío: Sobre lo discutido en esta entrada, pienso que en general, tanto hombres como mujeres tenemos las mismas necesidades tanto sexuales como afectivas, pero... Mientras que la mayoría de los hombres utilizan el sexo para llegar al amor, las mujeres suelen hacer todo lo contrario, utilizan el amor para llegar al sexo. Es decir, el hombre inicia, o mejor dicho, intenta inicar una relacción afectiva mediante una relacción sexual, mientras que la mujer por norma general, suele iniciarlo a través del amor para llegar finalmente al sexo. Son dos pensamientos comunes entre ambos, pero dos maneras diferentes de materializarlo, lo cual hace que parezca que no existe el mismo interes sexual, pero nada más lejos de la realidad. Ambos somos animales y ambos lo llevamos en nuestra naturaleza.

Para terciar luego en las diferencias, que a la postre nos conectan de todos modos: Quizás también influya en el pensamiento de que somos diferentes, la manera que tenemos de expresarnos. Un hombre siempre tiene que llevar su virilidad por bandera y hacer gala de ella, aunque sólo sea de boquilla, por eso siempre se hará más de notar su interés por el sexo. Las mujeres suelen ser más discretas sobre sus deseos carnales, lo cual a veces puede dar a entender que tales deseos no existen.

Y concluyendo a favor del género con un atenuante hormonal, pero ignorando una vez más la dualidad de su cerebro: Pero como dice Zarzal, nuestro único cerebro se nubla con mucha facilidad, el exceso de testosterona hace que se nos vaya el santo al muslo a las primeras de cambio. Además el hombre se excita inicialmente con la vista y la mujer con el tacto, lo cual hace más rápida nuestra reacción porque todo, o casi todo está al alcance de la vista, pero el tacto... eso suele tardar más en llegar...






En cuanto a la sexualidad como necesidad fisiológica, es obvio que hombres y mujeres tienen matices diferentes a pesar de que, en el fondo, el deseo de ambos esté por completo emparentado. Como dije, a cada hombre o mujer le mueve naturalmente más la energía que por su género predominante suele expresar, en tanto son dos fuerzas que, en origen, fueron diseñadas para complementarse.

En parte por una cuestión cultural, en parte por una consciencia estrecha, lo cierto es que durante la evolución de nuestra especie todo se ha ido tergiversando, en virtud de la libertad que ha de predominar en los personales criterios.

Sin embargo, se hace preciso comprender ya, que la esencia de la dualidad que genera los opuestos (en tanto uno le da sentido al otro y no podría existir jamás sin él: noche y día; dolor y placer; dentro y fuera, masculino y femenino…) y que es común a la humanidad entera, facilitaría por completo la aceptación de lo observable a la luz de los hechos.

Con eso digo, y no sólo yo lo digo, que femenino (yin) y masculino (yang), no está necesariamente ligado al género sino a la tendencia natural con la que cada ser humano prefiera y elija canalizar su energía, sea ésta sexual, afectiva, creativa o de cualquier otro tipo. Pero eso sólo, no implica que logremos llegar a comprender al otro si negamos una parte que también es nuestra.

Si nos deshiciéramos del rol atribuido por la programación que nutrió nuestras primera experiencias, si lo social no se impusiera con tanto desacierto (intereses coyunturales como tener hijos para cubrir necesidades familiares; matrimonios legalizados para preservar el patrimonio; o concepción romántica del amor que refuerza la falsa monogamia de nuestra auténtica naturaleza), y si hombres y mujeres admitieran sin rubor que, con independencia del sexo-género en el que se aloje el ser, todos somos masculino y femenino, sería infinitamente más fácil que las relaciones llegaran a buen puerto.

Pero en tanto eso ocurre, y no hay que dudar de que la labor de la consciencia lo está logrando, lo que vivimos es, ni más ni menos, el claro exponente de lo que hay: una lucha incierta en la que predomina los desencuentros.

En cuanto al amor, también es obvio que damos palos de ciego en la confusión de nuestro personal desconocimiento. Por un lado concebimos el amor en mayor medida como lo que acontece entre parejas, cuando la verdad es que es una cualidad que impregna y da sentido a toda la existencia, la cual inevitablemente se expresa en las relaciones humanas de todo tipo: padres, hijos, hermanos, parejas, amigos, compañeros…

Por otro lado, una cosa es el amor y otra el sentimiento que produce la sensación de no tenerlo que, en la mayoría de casos, es la gran fuente inspiradora del enamoramiento, (junto con un cóctel hormonal explosivo y un instinto reproductor que se aloja en la capa estereotipada de nuestro cerebro llamada reptiliana), en virtud del cual muchos perdemos el dominio de nosotros mismos, como bien apuntaba Zarzal en otro diálogo de su blog; produciendo un fuerte sentimiento de escasez que nos hace concebirlo como algo incierto, intangible, inseguro e inconstante.

Por eso cuando el amor no se siente dentro de un modo incondicional y fuerte, uno sólo concibe buscarlo fuera, en los otros. Y por eso la mayoría de las relaciones, sobre todo de pareja, pero también las otras, se establecen desde la concepción de que somos incompletos, cifrando de manera inmarcesible una búsqueda desorbitada en el gran universo de las decepciones.

Y al enamorarse, uno piensa de verdad que su entrega es amorosa; ¡y vive Dios que lo es!; mas no tanto como en un principio se cree, al gestarse la lista de condiciones que la deshoja cual margarita de sus atribuciones infinitamente generosas. Y cuando se nos termina el suministro, o se convierte en algo distinto, lo sentimos como un vacío inmenso; y al haber dado ‘tanto’ esperando correspondencia bajo unas condiciones mínimas, de repente salta la necesidad con su cohorte de apegos, convirtiendo la relación en una gran una demanda de reclamaciones.

El amor genuino es un dar sin condiciones, ni tan siquiera una sola. Pero… para dar y no reclamarlo luego, hay que tener suficiente en el patrimonio de uno mismo, de modo que no nos haga mella la escasez en la que a menudo se encuentra el otro, que ya no nos da ni tanto ni del modo como queremos.

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Gracias a Zarzal y Elvis por prestarme generosamente sus palabras. Si algo de aquí les parece ofensivo, confío en que me lo señalarán para eliminarlo de inmediato, pues no es mi intención ser despertador de ningún conflicto emocional que les afecte.

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Imagen tomada de Internet.

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A propósito de una entrada de Zarzal

10 comentarios:

Zarzal dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
PazzaP dijo...

¿Qué tal si usas tu energía para contar en qué difieres de lo expuesto en la entrada?

Zarzal dijo...

Estoy empezando a pensar que te gusta pincharme, y eso que el de las espinas soy yo. Te daré una respuesta de lo más breve: según tu forma de ver las cosas, yo soy un egoísta por esperar algo de la otra persona, por muy poco que sea. Yo hablo desde mi experiencia, basándome en lo bueno y en lo malo que me ha ocurrido, y en lo que he aprendido de ello. En cambio tú, no sé si te basas en lo que has vivido, o en lo que has leído en un libro, y perdona por decírtelo tan claro, pero si algo me vas conociendo, ya sabrás que soy de decir lo que pienso (a veces también digo las cosas sin pensarlas, lo admito, jeje. Es que, según cómo, soy un poco impulsivo, ¿sabes?, lo que también me hace un poco incoherente). Yo no me oculto detrás de mis palabras.

Y contéstame al menos lo del chocolate, chic@, que necesito que me saques de dudas sobre eso.

Un beso

PazzaP dijo...

Las emociones derivan directamente de las interpretaciones personales que se hacen sobre lo que nos acontece.

Si soy plenamente responsable de lo que elijo pensar, también lo soy de lo que llego a sentir.

Si pienso que alguien me pincha, tendré razones fundadas para creer que lo hace, mas eso no necesariamente significa que el otro lo pretenda. Puede que sí, o puede que simplemente desee dialogar conmigo desde una cierta transparencia. En cualquier caso, yo sería totalmente responsable de todo lo que aconteciera en mi magín, emociones incluidas.

Según mi forma de ver las cosas acordes con lo que he expuesto, no se infiere que tú seas un egoísta. Puedo comprender los motivos que te han llevado a creerlo, pero lo cierto es que no concibo que esperar algo de alguien nos vuelva egoístas; en tanto nos aferremos al deseo, si acaso nos convierte en sufrientes.

A veces el dolor es inevitable, pero el sufrimiento siempre será opcional; por lo que si deseo dejar de sufrir, no veo mejor forma de hacerlo que resolviendo el conflicto interpretativo que me somete a ese estado.

Mis palabras son testimonio sincero de mis experiencias. Lo que digo no sólo lo digo porque lo creo, sino porque lo he vivido.

No tengo ningún problema con que te expreses a tu aire. Si bien prefiero la autenticidad, dejo que cada cual determine el grado que está dispuesto a dar; y, sea cual sea, me siento agradecida por el hecho mismo de compartirla conmigo.

Tampoco yo me oculto detrás de mis palabras. Si algo creo que no falta en esta casa es la desnudez con la que muestro quién soy.

Y puesto que aún dudas de mi género, sabe que a poco que me leas verás que hablo a menudo en primera persona y que, salvo error, he usado el femenino siempre.

Peace and Love. Y si es de chocolate, mejor. :)

José Ángel Gómez Fernández dijo...

Curiosa forma de ver y expresar la "realidad" de los hombres. A modo de comentario irónico, no sabía que era esa la definición de capullo jeje.

PazzaP dijo...

:)
La verdad, no sé el sentido que le das a capullo. Si es el vulgaris yerras...

Elvis dijo...

Muy lograda la entrada, una muy buena reflexión sobre relaciones personales que, al menos a mi, en nada ofende.

Es cierto que se puede interpretar una cierta acusación de egoísmo en los hombres, pero si somos sinceros, todos esperamos algo a cambio, sea afecto, sea amor o sea tan sólo sexo, pero siempre esperamos una reciprocidad en cualquier relación. Creo que negarlo sería bastante hipócrita y antinatural.
Sería absurdo amar a alguien y conformarse con que ese alguien ame al vecino.
El egoísmo no tiene nada que ver con esperar algo de alguien y, como bien dices, se trata de complementarse, lo cual implica directamente dar y recibir, si no tal complementación sería irrealizable.

Saludos cordiales.

PazzaP dijo...

¿De veras sería tan absurdo amar a alguien y aceptar que ese alguien ame al vecino?

Depende de qué amor ame: si es el pequeño se comprende razonablemente lo que dices; mas si es el grande, en tanto es incodicional, limitarse sólo sería miedo a alguna clase de escasez que nos late.

Elvis dijo...

Conformarse no es lo mismo que aceptar. Aceptarlo supone que no tienes otra salida por haber sido rechazado, y la resignación te lleve a aceptarlo, pero conformarse sin haber sido rechazado sí que me parece absurdo.

Lo lógico de antemano es solicitar esa reciprocidad, si te rechazan puedes llegar a aceptar la situación, pero al menos hay que intentar acaparar toda la atención del otro...

PazzaP dijo...

De acuerdo, el matiz que apuntas tiene sentido. Ahora bien, aceptarlo tampoco significa resignarse, en tanto lo primero entraña una comprensión profunda del hecho y lo segundo es someterse a la fuerza a otra voluntad, sin necesariamente haberlo comprendido en toda su extensión.