13 ago. 2010

XVI. Sizes.

Cuando se me olvida que el hombre no es la medida de todas las cosas, no tengo más que ver estas imágenes para curarme de las horribles visiones que tamaño descuido me produce.



Algunas creencias raíces que promueven innumerables ideas y actitudes conflictivas, por tanto erróneas desde un punto de vista externo a mí, representan algo minúsculo en el conjunto de la conciencia. Sin embargo, me aferro a ellas como si fuera lo único posible.

Me resulta obvio que en mi pequeño universo lo es sin duda, mas no tengo que ampliar mi percepción sino unos grados para darme cuenta de que tales creencias son un átomo del pensamiento total; y éste a su vez otro en el infinito océano de posibilidades.


Claro que si le doy la vuelta, y en lugar de hacia lo grande respecto de mí, que soy la referencia ahora, lo proyecto hacia lo pequeño, quizá también me daría cuenta de una forma cabal de cuánta influencia tengo realmente en la globalidad.


De todos modos, que esa influencia sea negativa o positiva es sólo un relativismo más para aquello en lo que todo cabe y que todo lo contiene. Por tanto, allá yo con lo que crea, en tanto determinará muy concretamente lo que  piense, lo que sienta y lo que haga.

Y lo más decisivo: allá yo con lo que interprete de todo eso; que no puede sino ser un refuerzo de lo que en cada instante elija seguir creyendo.


Allá yo con mi circunstancia. O no.


A partir de la mitad de este vídeo asisto al viaje hacia lo pequeño...


**

15 de Agosto. 13:33 h.

Allá yo, pero...

¿Qué pasa con mi responsabilidad sobre lo pequeño?
¿Acaso eso no me importa nada?
Entonces, ¿qué es lo que me importa realmente?
¿No es en última instancia vivir de un modo satisfactorio una existencia de la que en lo más profundo no sé nada; una existencia en la que me hallo a mí un día, de repente, y en la que he de continuar hasta que se apague...?

La Tierra que nos sostiene es la que nos provee lo que usufructuamos.
Somos el tejido humano de la tierra: casi siete mil millones de células conviviendo en el ahora.

Dentro de cada ser, alguien las habrá contado, sólo las neuronas de un adulto suman 16 millones... ¿Acaso no me importan, esas y las otras, que en equipo contribuyen a mis experiencias físicas y psíquicas en esta realidad en la que me creo inmersa?

Tengo que ponerme de acuerdo y deshacer el nudo de mi contradicción:

-Si quiero la satisfacción allá donde yo la encuentre, tengo que ponerme las pilas y cuidar del vehículo que me la proporciona.

- Si hacerlo me da pereza, desidia o cualquier otra excusa peregrina, he de comprender que esa satisfacción que deseo para mí, no me será posible tenerla tal como la quiero.

Lo que creo es el motor de mi pensamiento.
Lo que pienso es el motor de mi movimiento.
Lo que hago es el motor de mi experiencia.
Lo que interpreto de ella es el motor de mi circunstancia.

Allá yo... pero ¿soy o no soy responsable de mí misma y de todo lo que me pase, se parezca poco o mucho a lo que deseo?

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